Educación y trabajo. ¿Un cambio cultural?

27 de junio de 2019

 

 
Mesa-debate con la participación de Eduardo Levi Yeyati, Mariano Narodowski y Juan María Segura
Por Giselle Martín Romero

"Argentina no terminó de resolver los problemas de la modernidad de los siglos XIX y XX"
Narodowski

El segundo encuentro que forma parte del ciclo de conferencias "El mundo que viene y como se inserta la Argentina", organizado por el Comité de Cultura y auspiciado por la Fundación Ortega y Gasset, debate sobre las perspectivas de la educación y del trabajo hacia el futuro.

Silvia Fesquet inauguró la sesión resaltando que resulta inconcebible pensar en el desarrollo, el progreso o futuro sin pensar en la educación. El mundo actual nos presenta enormes desafíos tras la irrupción de la tecnología y la inteligencia artificial para lo cual es necesario desarrollar nuevas habilidades que sean afines al trabajo del futuro y, al mismo tiempo, resolver problemas como la desigualdad y la exclusión de las aulas.

A continuación, se expresó el profesor Mariano Narodowski, quien centró su discurso en tres ejes: primero, historizar la escuela; luego, proyectar futuros posibles de la educación por dentro y fuera de la escuela; y finalmente, plantear cuáles son los desafíos para la Argentina respecto de estas cuestiones.

Recogiendo el primer eje, Narodowski explicó que la principal forma de transmisión del conocimiento fue y es la oralidad. "El habla es una tecnología tan poderosa que es como se transmitió el conocimiento para hacer la revolución agrícola del 10.000 a.C. y todavía sigue existiendo".

"La disrupción en la forma de producir genera exceso de trabajo en ciertas habilidades y genera la necesidad de reciclarse hacia otras actividades más complementarias de la tecnología"
Levy Yeyati

La segunda tecnología o revolución educativa fue la escritura en el año 5.000 a.C. que por primera vez genera el cierre social. Narodowski explicó que, mientras el lenguaje oral puede ser comprendido por todos, la escritura implica un aprendizaje específico que fue un privilegio para un grupo reducido de la población durante milenios. La tercera revolución se da con la invención la imprenta de Gutenberg que brindó la posibilidad de que la escritura fuese diseminada.

La siguiente revolución educativa se dio alrededor de 1657, diseñada por el pedagogo checo Comenio: la tecnología escolar. Esta se basa en un conjunto de dispositivos que son aplicados de manera uniforme como lo son el docente que representa el saber, un contenido homogéneo y un mismo grupo de alumnos. Sin embargo, Narodowski aclara que la escuela es sólo una tecnología de transmisión del conocimiento más entre muchas otras.

Según expresó el orador, el formato de los sistemas escolares que conocemos ahora data de finales del siglo XIX y fue propagado durante el XX. Es en este sentido que el expositor afirma que Argentina se vio beneficiada por la pronta instauración de la escolarización generalizada, puesto que en otros países su instalación fue tardía e incluso en algunos aún no se ha aplicado.

De este modo, Narodowski afirmó que la escolarización es una tecnología que ha estado presente en sólo una pequeña parte de la historia de la humanidad, habiéndose llevado a cabo las revoluciones agrícola e industrial prescindiendo de su existencia para la transmisión efectiva del conocimiento.

Entre las funciones de la tecnología escolar, el educador menciona primero la pansofía (pan/todos - sofos/conocimiento), la idea de que la escuela es un medio para enseñar todo a todos. Como segunda función resalta su capacidad para generar cohesión social, especialmente necesaria a partir del surgimiento de los Estados nacionales modernos. Luego, su utilidad para la formación para el trabajo; es decir, no técnica sino como forma de disciplinamiento para los requerimientos de la sociedad industrial de fines del siglo XIX. Finalmente, el efecto guardería surge cuando el capitalismo del siglo XX exige que las personas salgan de su círculo privado para producir fuera.

En palabras del profesor, "el problema de la actualidad es que, excepto por el cuidado o control de los cuerpos, las demás funciones de la escuela están condicionadas por el surgimiento durante el siglo XX de otras tecnologías que compiten con ella como los medios electrónicos, la revolución digital y la inteligencia artificial". Esto puede derivar en otros escenarios en los que la escolarización conviva con diversos elementos como por ejemplo sistemas educativos online, la educación a distancia o plataformas digitales interactivas.

Finalmente, Narodowski concluyó señalando que el problema de la Argentina es que "no terminó de resolver los problemas de la modernidad de los siglos XIX y XX, por lo que cualquier programa político va a tener que generar opciones para los dos universos ya que estos cambios tecnológicos están ocurriendo ahora, ya no son del futuro".

"Estamos intentando encontrar el significado a instituciones que eran de otro entorno"
Segura

El siguiente expositor fue Eduardo Levi Yeyati quien inició su presentación con el interrogante "¿De qué hablamos cuando hablamos de tecnología del futuro y su relación con el trabajo?" intentando analizar cómo esa transformación cambia las demandas que hace el mundo real a la educación.

Para el orador, aún se mantiene la antigua imagen del robot como símbolo de la revolución tecnológica cuando, en la actualidad, ésta es sinónimo de inteligencia artificial, la cual parte de la imitación de la inteligencia humana. Este hecho es relevante puesto que "delimita la frontera hasta donde la inteligencia artificial puede interferir y modificar las demandas laborales, hasta donde podemos competir y donde no". El robot, la máquina, hace tiempo que ha reemplazado la fuerza del hombre en el trabajo manufacturero; esto nuevo reemplaza al cerebro.

Entonces Levi Yeyati preguntó cuál es la profesión del futuro y en qué puede competir el hombre si se reemplaza la inteligencia. A ello respondió que se debe volver a las bases humanas, la empatía, el cuidado y la cercanía; a aquellas profesiones difíciles de ser automatizadas por la complejidad que implica para las máquinas encontrar patrones.

Otro tema que se confunde habitualmente, según el economista, es la sustitución del trabajo por la sustitución del medio. "La disrupción en la forma de producir genera exceso de trabajo en ciertas habilidades y genera la necesidad de reciclarse hacia otras actividades más complementarias de la tecnología". Es decir, que aun cuando se demande la misma cantidad de horas de trabajo, va haber un desplazamiento en las habilidades requeridas.

Este desplazamiento evidencia que las habilidades de menor calificación son las más expuestas, por lo que se hace necesario que la educación eleve las competencias de los trabajadores. Levy Yeyati vislumbra entonces dos grupos principales en los que se debe enfocar la educación: por un lado, los estudiantes futuros trabajadores y, por otro, los trabajadores actuales. Aparte coexiste un tercer grupo al que pertenecen aquellos que no alcanzan los conocimientos básicos para aprender nada y que deberán ser abordados de una forma aun más específica y con un nivel de aspiración mucho más bajo. La profunda heterogeneidad existente en Argentina implica abandonar la idea de la existencia del alumnado único que debe aspirar a alcanzar el mismo nivel.

Centrándose en los primeros dos grupos, que constituyen la gran mayoría, el expositor concluyó que no hay un sistema de formación profesional que le permita reciclarse a aquellos adultos que se han desempeñado por 20 años en la misma ocupación que ahora los estará reemplazando. También, afirma que los jóvenes egresan del secundario con un título que carece de validez para el mercado laboral, e incluso para aquellos que tienen estudios universitarios incompletos es tiempo que perdieron en adquirir experiencia. Por ello, Levi Yeyati resaltó que es necesario crear vías para que aquellos que no finalizaron la secundaria puedan acercarse al mundo del trabajo y así disminuir la brecha de la desigualdad.

A modo de cierre el expositor afirmó que la relación entre la creciente rotación laboral, la versatilidad necesaria para enfrentar este cambio de demandas y los programas educativos exige una revisión, al menos, de la educación superior: deberían existir más terciarios, más programas cortos certificados y también certificaciones de aptitudes laborales de forma que se vinculen educación e integración laboral.

Por su parte, Juan María Segura emprendió su exposición destacando tres revoluciones secuenciales que se sucedieron en los últimos 25 años: la revolución del flujo de información, internet, de 1992; la de producción del contenido de 2001 con Wikipedia; y la emancipación del espacio con el lanzamiento del primer Iphone en 2007. "La convergencia de esas tres revoluciones armaron un entorno nuevo que nos sitúa en un lugar donde en principio encontramos muchas instituciones, incluidas las educativas, bastante desfasadas de él".

Desde la perspectiva del expositor, se está transitando lo que él denomina "la era del significado" ya que se intenta encontrar significado a instituciones que eran de otro entorno. El sistema educativo fue creado para otro entorno, con otro propósito y destinado para una población determinada con un tipo de trabajo y una expectativa de vida diferentes; esos factores actualmente se han alterado y, además, el caso argentino, no cuenta con un sistema escolar y universitario propicio.

A modo de conclusión Segura planteó tres interrogantes que complementan la pregunta que convocaba al debate. Primero, cuando se discute qué educación necesitamos para el mundo del trabajo, ¿el entramado institucional y normativo existente sirve de algo? El nivel de complejidad que le agregamos si se edifica sobre esas bases hace mucho más dificultoso crear un sistema que tenga la afinidad suficiente para interactuar con el mundo del trabajo.

Segundo, ¿los actores que están involucrados en esta discusión realmente capturan estos hechos? Para Segura, en los muchos actores que intentan hacer aportes prima una actitud nostálgica de un ordenamiento que ya no se halla.

Finalmente, ¿es necesario cuidarse de sobrerregular para tratar de hacer emerger un nuevo proceso de ideas y de instituciones? Pues la sobrerregulación produce el efecto contrario al que al que se quiere incentivar.

A modo de cierre, Juan María Segura remarcó que "lo que vivimos no es un cambio cultural sino una crisis de uso de tiempo que va a dejar muy desactualizadas rutinas que deberemos reemplazar por algo que tenga sentido. Nos adentramos a gran velocidad, no en el futuro, sino en una crisis de significado de uso de tiempo". Entonces, es necesario redefinir la Argentina, no una política educativa, porque el Estado-nación está en crisis, el sistema de representatividad de los partidos está en crisis, la forma en que se legisla está en crisis.

Más información:

"En el orden internacional, ¿hay crisis de valores?", Crónicas del Foro, 25 de abril de 2019
"Educación y trabajo en jóvenes de baja escolaridad", por María Alejandra Bowman

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