¿Es posible la integración en América Latina? El caso de la Argentina y Chile

11 de agosto de 2011
Sesión académica a cargo del Senador Hernán Larraín Fernández, Presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado de Chile
Por Bárbara Catalano

El Senador Hernán Larraín Fernández comenzó su exposición planteando la posibilidad de una integración en America Latina. Se remontó a los hechos que desencadenaron la independencia y sobre todo a las relaciones entre Argentina y Chile a lo largo de estos dos siglos. Larraín señaló que en la medida en que la historia de los dos países comenzaba a desarrollarse de un modo paralelo, los límites iban cambiando notablemente, a la vez que se instalaba una realidad geográfica territorial en función de una identidad nacional. En este sentido, marcó una notable diferencia entre nuestra construcción de Estado y la ocurrida en los Estados Unidos. Para ello, basó su explicación en las realidades políticas disímiles.

En términos de integración, el disertante afirmó, que "si bien en América Latina hubo numerosas instancias regionales de búsqueda de unidad, no se ha logrado dar origen a una institucionalidad que contribuya a la integración de una manera efectiva". Asimismo, al referirse a los parlamentos de los organismos regionales -como la CAN y el Mercosur-, afirmó que los parlamentos no funcionan de manera efectiva. Por otra parte, destacó que existe una proliferación de los organismos regionales, lo que genera una insuficiencia en la unidad regional y en la organización institucional. De este modo, concluyó que la gran cantidad de organismos genera falta de vocación de integración y disminuye aún más la posibilidad de lograr una convergencia mayor en la región.

Luego, Larraín se refirió a los regímenes democráticos y afirmó que es necesario que exista verdadero estado de derecho y que se combata la corrupción y la debilidad institucional. En este sentido sostuvo que si bien ya no existen dictaduras eso no quiere decir que tengamos democracias fuertes y estables.

A su juicio, tenemos un continente extremadamente ideologizado y nacionalista y que ha hecho de la retórica un arma fundamental. "Cada vez que escuchamos los discursos de los presidentes latinoamericanos lo que mas aflora es un amor por la patria; somos todos latinoamericanos, pero la verdad es que estamos defendiendo nuestro país y nuestra nación como si fuera el principio del fin del mundo", señaló Larraín. Cada uno juega un rol, y esta visión ideologizada nos impide  encontrar la necesaria confianza que debe existir para avanzar en pos de la integración. Para Larraín, mantenemos criterios nacionalistas, -a modo de reafirmación interna- pero eso a la larga está limitando la posibilidad de un desarrollo y crecimiento conjunto.

Seguidamente, Larraín se refirió al Mercosur esgrimiendo que es un mercado limitado en donde cada parte mantiene protecciones y que sólo se presenta como un flujo de mercado que actúa en conjunto y se muestra como una unidad ante el resto del mundo. Desde su óptica, el Mercosur refleja una integración bastante restringida y de ello se desprende, en cierta medida, su imposibilidad para asociarse con la Unión Europea.

El embajador también planteó el tema desde una perspectiva ideológica. "Hay quienes no quieren avanzar porque sienten que en la medida que avanzan, comprometen su soberanía" argumentó. Los países que integran a la Unión Europea tienen su soberanía limitada, de la misma manera que Chile -cuando firmó tratados de libre comercio con la Unión Europea, con Estados Unidos, o con Corea- también limitó su soberanía. Según Larraín la integración supone que limitemos nuestra soberanía y en este marco citó el ejemplo de Brasil. Brasil ha ido generado un crecimiento muy significativo. Pasó de ser una economía emergente a una economía en desarrollo relativo. Además, tiene una proyección hacia el mundo bastante unilateral. Lula y Cardoso, jugando en ambas aguas, han logrado posicionar a Brasil internacionalmente -tratando de entrar en el Consejo de Seguridad, relacionándose con el BRIC, vinculándose con África y Asia-. La pregunta que se planteó es si Brasil se va a proyectar dentro de la región o no. Eso todavía no está muy bien definido. A juicio del expositor, sería iluso pensar en una integración en la región sin Brasil y este es un tema aún por debatir.

A continuación afirmó que una región como la nuestra se está caracterizando por no tener una mirada interna y por no tener una visión de futuro.  Entonces, para lograr la integración, planteó que es fundamental la construcción de confianza. En relación a este aspecto, el expositor indicó que fueron los conflictos limítrofes los que contribuyeron a ese clima de desconfianza.

"Es necesario enfocarse de a poco en los temas que realmente nos permiten avanzar, tales como la infraestructura, la conectividad y la energía"

Luego, Larraín se refirió a la cláusula de la democracia firmada en 1991, que fue concretada cuando América Latina estaba saliendo de un periodo de dictaduras. Entonces, resaltó que Unasur no incorporó la cláusula democrática, y se preguntó si la cláusula democrática fue una reacción a un momento determinado de la historia o una convicción profunda que refleja los valores de la región.

En este sentido, el disertante cuestionó a las grandes instituciones. Dio el ejemplo del parlamento de Unasur y remarcó que desde el inicio no hubo un método de integración que partiera desde otros aspectos como lo hizo la Unión Europea en su momento con el carbón y el acero. Según Larraín, "es necesario enfocarse de a poco en los temas que realmente nos permiten avanzar, tales como la infraestructura, la conectividad y la energía". Sobre este último aspecto, aseguró que para estimular la parte comercial, es necesario ocuparse del tema desde una perspectiva regional y sintiendo que la competencia es parte de las reglas del juego, como también lo es la complementariedad energética.

De este modo, Larraín resaltó la importancia de consolidar un estado de derecho democrático, no solo por el funcionamiento de la democracia como sistema político más justo y más adecuado, valorando las libertades públicas garantizadas -libertad de expresión, libertad de prensa-, sino también porque se requieren seguridad jurídica y reglas estables.

Al referirse a la unión en América Latina, Larraín afirmó que la integración es muy compleja porque la realidad de Centroamérica y el Caribe es muy distinta a la de América del Sur; de modo que la integración debería construirse sobre las bases de América del Sur. Si el camino de la integración es el único camino posible, entonces la utopía que propone Larraín sería: "construir una región en donde la frontera sea de naciones y no de estados". Lo que se hace habitualmente con estas fronteras es impedir el progreso económico y social.

Para poner en práctica y alcanzar este objetico, el Senador propone un concepto de integración limitada, que comience desde abajo hacia arriba, y que abarque pocos aspectos pero concretos.

El expositor remarcó que a pesar de que en la historia entre Argentina y Chile se presentaron varios momentos de tensión, en estos últimos treinta años se ha avanzado considerablemente en consolidar la relación binacional. Ha aumentado el intercambio comercial y las inversiones; y se hicieron esfuerzos para lograr una hermandad. Sin embargo, cada uno siguió su propio camino.

En este marco Larraín resaltó la importancia de los comités de integración. Estos son foros de encuentro público y privado en donde se integran las provincias argentinas con las regiones chilenas de una manera directa. Las materias que pueden ser ámbito de este foro son vastas e incluso se puede preveer la participación política regional. "Estos son caminos que facilitan la posibilidad de ir generando una integración no solamente a nivel diplomático o entre los gobiernos, sino también a nivel parlamentario", manifestó.

Y, a continuación, se refirió a la comisión parlamentaria conjunta. El disertante se manifestó partidario de la integración parlamentaria y -a su juicio- las políticas exteriores son manejadas por los gobiernos, pero los gobiernos representan a las mayorías; en cambio, los parlamentos representan a la totalidad del espectro político y los países van cambiando de gobierno a medida que pasa el tiempo. En palabras del disertante: "si llegamos a afianzar la integración parlamentaria, podríamos fortalecer la relación entre los países".

Asimismo, Larraín subrayó que la ideología, si bien es un elemento respetable,  no es central. "Quién gobierne en cada país es un problema de cada país y no debe afectar al entendimiento mutuo", sostuvo.

Cerrando su exposición, se refirió a la realidad actual, y concluyó que "la integración es posible, pero estamos muy lejos a poder hablar de un modelo de integración regional exitosa y que –además- podamos exportarlo al resto de Sudamérica. Creo que hay un largo camino por recorrer". Afirmó que si hay un compromiso, podríamos llegar a ser un modelo para el resto de los países. Incluso consideró que, dentro de este concepto de integración limitada, podemos pensar a nivel regional e instalar varios asuntos sobre los cuales podemos avanzar para generar una verdadera integración. De este modo, Larraín destacó lo significativo de trabajar juntos por la integración física cómo así también por la integración económica. En este último aspecto señaló que todavía existen algunos temores proteccionistas que han conducido a varias disputas.

Por último, mencionó algunos casos concretos para demostrar que existen situaciones coyunturales que no sabemos resolver en ambos lados de la cordillera y que deberíamos tener la capacidad para hacerlo conjuntamente, ya que contribuiría a nuestro beneficio. Tal es el caso de Apablaza. Larraín señaló que los factores políticos no deberían interponerse en las decisiones de los tribunales ya que somos estados de derecho. "Por más que no estemos  de acuerdo con los fallos de los tribunales los mismos se deben acatar", afirmó.

Finalizando la presentación el disertante subrayó que no debemos demorarnos en la integración ya que con ello estamos castigando a nuestros pueblos. "Seguimos mirando al mundo a través de muros que impiden nuestro propio progreso. Chile y Argentina están llamados a tener una actitud distinta. Hemos avanzado mucho pero aún quedan desafíos por lograr. (…) Manteniendo nuestra identidad, historia y cultura podemos construir un escenario en donde realmente nuestros pueblos sean los protagonistas de una vida mejor", sostuvo.

Hernán Larraín FernándezAbogado, Universidad Católica de Chile. Fue beneficiado con una beca de la Fundación Ford, para graduarse como Master en Leyes (LLM) en la London School of Economics (L.S.E.). Desde 1984 es Profesor Titular en la Facultad de Derecho en la Universidad Católica de Chile, donde también se ha desempeñado como Director de Estudios y Planificación, Vicerrector de Comunicaciones, Vicerrector Académico y miembro del Consejo Superior de la Universidad. Fue fundador y Director de la Revista Universitaria y del programa de Televisión Educativa "Teleduc". Formó parte del Consejo Nacional de Televisión (1975-1982). Ha publicado artículos y ensayos en materia educativa, cultural, jurídica y política. Ha sido redactor y columnista del Diario "El Mercurio", de la Revista Ercilla y del Diario Financiero, entre otros. Fue Director Ejecutivo de la Fundación Andes (1987-1991). Ingresó al Partido Unión Demócrata Independiente en 1991, y fue Vicepresidente del partido. En 1993 fue elegido Senador, siendo reelecto en 2002 y 2010. Ha integrado y presidido las Comisiones de Constitución, Legislación, Justicia y Reglamento, y la Comisión de Agricultura y forma parte de la Comisión de Educación, Ciencia y Tecnología del Senado

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