15 de septiembre de 2020

Seminario virtual organizado conjuntamente por el Grupo de Estudios Contemporáneos del Espacio Euroasiático y el Comité de Asuntos Asiáticos del CARI

Por María Florencia Avena, Voluntaria Secretaría de Comunicación

El debate sobre la relación entre las dos potencias fue el motivo de reunión de seis especialistas que ofrecieron sus perspectivas en el seminario virtual del pasado 15 de septiembre, organizado conjuntamente por el Grupo de Estudios Contemporáneos del Espacio Euroasiático, bajo la dirección de la Embajadora Lila Roldán Vázquez, y el Comité de Asuntos Asiáticos del CARI, conducido por el Embajador Eduardo Sadous.

El encuentro contó con la presencia de Adalberto Rodríguez Giavarini, presidente del CARI, quien dio inicio a la jornada con una felicitación al equipo organizador y el agradecimiento a los presentes. La primera exposición estuvo a cargo del Dr. Andrés Serbin, presidente de la Coordinadora Regional de Investigaciones Económicas y Sociales (CRIES); prosiguió el Dr. Andrés Di Pelino, de la Universidad de Belgrano; en tercer lugar habló la Dra. Carola Ramón Berjano, subsecretaria de Negociaciones Económicas Multilaterales y Bilaterales del Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio y Culto y miembro del CARI; luego tuvieron la palabra el Dr. Jorge Malena, coordinador del Grupo China del CARI y el Dr. Paulo Botta, miembro consejero del CARI. Por último, cerró el ciclo de ponencias el Mgt. Juan Battaleme, Secretario Académico del CARI.

El Dr. Serbin utilizó los minutos de su presentación para reconstruir brevemente la historia del vínculo entre Rusia y China hasta la actualidad, al sintetizar los ejes y los objetivos que lo han sustentado. "Estamos viviendo el punto más álgido de la relación desde 1950 a esta parte", manifestó. En este sentido, destacó tres ejes que han articulado la cooperación, "aunque no exenta de tensiones": el geoeconómico, el militar y el diplomático. El trabajo conjunto, relató Serbin, tuvo dos grandes objetivos. Por un lado, asegurar la estabilidad regional de Eurasia para contar con una retaguardia sólida tanto para China como para Rusia. Y por el otro, combatir "los tres males" en materia de defensa y seguridad: el separatismo, el terrorismo y el fundamentalismo religioso. En este marco, el doctor planteó que se vislumbraba un gran debate: "¿la cooperación Rusia-China es un matrimonio de conveniencia o se está desarrollando una alianza militar sin acuerdo formal?". Frente a este interrogante, Serbin presentó tres escenarios posibles: 1) la continuidad, al menos a corto plazo, de la alianza Rusia-China; 2) el posible acercamiento de Rusia a EE.UU., y 3) la posible ruptura entre Rusia y China. En todos los casos, Serbin sostuvo que estarían condicionados por un enemigo común: Estados Unidos.

El Dr. Di Pelino hizo un análisis en materia energética de la relación que mantienen los países en cuestión, y sobre los actuales proyectos dijo: "la joya de la integración Rusia-China es el gasoducto 'Fuerza de Siberia'". Este significaría una producción de 38.000 millones de metros cúbicos anuales de gas desde yacimientos en Rusia para garantizar el suministro por treinta años a China. El experto describió el recorrido de la ambiciosa obra de la empresa Gazprom, que conecta ambos países atravesando Siberia y el clima severo de sus montañas. Como economista, Di Pelino observó en Rusia un gran productor de energía, y en China una gran consumidora, como también lo serían Japón y Corea del Sur, que forman parte de la zona de influencia como importadores de gas. Sin embargo, afirmó que no había que perder de vista el vínculo de China con otras naciones de Asia Central, que a partir de la Ruta de la Seda constituyen potenciales proveedores. Así, sostuvo que se debía apostar a una relación win-win en la que todas las partes del acuerdo comercial se vieran beneficiadas, siempre y cuando jugaran de manera inteligente y con reglas claras. Además, intuyó: "ningún país invertiría tanto si no hay una lealtad asegurada".

La Dra. Ramón Berjano ilustró a través de un mapa los dos caminos de la Ruta de la Seda, la estrategia china cuyo objetivo es ampliar la influencia económica y política del país en el espacio Euroasiático mediante dos vías: terrestre y marítima. Destacó que la iniciativa ha sido aprobada por varios países, pero en esta oportunidad la especialista concentró su discurso en los seis corredores terrestres (ruta antes conocida como la Franja) y enfatizó que tres de ellos atraviesan el oeste de China, específicamente las regiones autónomas de Sinkiang y el Tíbet. La doctora insistió en este punto porque responde al principal de los cuatro ejes fundamentales de la estrategia de China, el desarrollo económico doméstico del país, "saliendo al exterior pero por dentro". Esto quiere decir que, según la doctora, se espera replicar en Eurasia el éxito de las zonas económicas especiales que desde la década del 80 se desarrollaron en el Este. Los ejes restantes, explicó, tienen que ver con la dimensión geopolítica y el posicionamiento de China en el plano internacional, y lo que la doctora llama "globalización con características chinas", es decir, la búsqueda de cinco tipos de conectividad a través de la ruta de la seda: política, económica, financiera, de infraestructura y de persona a persona.

El Dr. Malena expuso que la Asociación Estratégica Integral de Coordinación para una Nueva Era equivale a la categoría más alta de los estratos de alianza que forja China, e incluye la cooperación en temas internacionales, económicos, científico-tecnológicos y de defensa. En este marco, el académico sostuvo que los acuerdos entre Rusia y China daban cuenta de su compromiso con la defensa de un orden mundial multipolar. Además, Malena comentó que los líderes Putin y Xi Xingping se reunían asiduamente y que mantenían una relación fluida. Recordó las fortalezas de cada país y afirmó que existe una "complementariedad estratégica entre Beijing y Moscú". A su vez, desestimó la operatividad de una lógica triangular entre Estados Unidos-Rusia-China, al asegurar que la asociación de estos últimos había comenzado a profundizarse mucho antes de los cambios en la política estadounidense hacia ellos. "Además de estratégica, la complementariedad entre ellos es esencial", definió el doctor, recordando que Rusia es la gran proveedora de alimentos, energía y defensa; mientras que China tiene una gran capacidad de infraestructura y disponibilidad de divisas. Tal es así que "para los próximos años se espera concretar doscientos cinco proyectos bilaterales", informó.

El quinto disertante fue el Dr. Botta, especialista en defensa y seguridad en el espacio euroasiático. Sostuvo que la relación entre las dos potencias se podía caracterizar en base a sus áreas de cooperación, competencia e incluso de conflicto. "Estamos frente a dos potencias: una tradicional y otra en ascenso, que mantienen relaciones tanto bilaterales como multilaterales", en este sentido, el especialista aclaró que ambas se veían motivadas por sus políticas domésticas y los factores externos. Las áreas que tomó para su análisis fueron cuatro: la compra-venta de armamento, la existencia de bases militares, la existencia de ejercicios combinados y la percepción de amenazas comunes. Luego de una detallada descripción de cada punto concluyó con el interrogante: ¿puede haber una alianza a futuro? "Por ahora las ventajas son de Rusia porque, además de superarla en ventas de armamentos y presencia de bases militares en el extranjero, tiene algo que China no: el soft power". Manifestó que aún China necesitaba de Rusia, e intuyó que el vínculo entre ambas todavía no ha alcanzado una confianza plena.

La última ponencia estuvo a cargo del Mgt. Battaleme, quien disertó sobre las motivaciones de la estrategia de defensa norteamericana actualmente. Describió los últimos tres paradigmas hasta la llegada de Trump al poder, cuya administración definió como "un realismo basado en principios", que fundamentalmente consistía en volver a la competencia entre los grandes poderes. Concentrado en la coyuntura, enumeró los ejes que sustentan las políticas de defensa de la gran potencia: la protección del país, la expansión de la influencia americana en el mundo y la preservación de la paz. Este último, explicó Battaleme, ha estado operando a partir de la capacidad norteamericana de incidir directamente sobre dos zonas –el comando Europeo y el Pacífico– es decir, bajo la lógica de reforzar sus capacidades militares para proyectar alguna forma de poder. En esta línea, planteó que la estrategia militar se basaba en tres R. En primer lugar, reconstruir el armamento utilizado en enfrentamientos anteriores; en segundo lugar, reforzar el componente nuclear y misilístico; y por último, redirigir fuerzas para dilatar la brecha en el tiempo y así evitar un enfrentamiento armado inminente.

La Embajadora Lila Roldán Vázquez concluyó el encuentro con reflexiones finales y agradeció a los expositores.