En Profundidad. Regiones Polares

Junio de 2021

 

INDICE

1. La Argentina en la Antártida a Sesenta Años de Vigencia del Tratado Antártico

2. El Ártico: efectos del calentamiento global

3. El Consejo Ártico y su rol en la gobernanza regional

4. Ciencia y cooperación en el Ártico

5. Seguridad en el Ártico: una creciente necesidad

6. El Ártico en las relaciones entre los Estados Unidos y Rusia

7. Las ambiciones de China en el Ártico

8. India y su política ártica

9. COVID-19 y la región ártica

 

 

1. La Argentina en la Antártida a Sesenta Años de Vigencia del Tratado Antártico

La Antártida ha representado, históricamente, un área de gran relevancia geopolítica que ha abierto líneas de disidencias entre los Estados con reivindicaciones territoriales. El Tratado Antártico ha buscado resolver algunas de estas diferencias generando mayores certezas sobre su administración. Como resultado, es insoslayable analizar la posición de la Argentina en la región sesenta años después de la firma del Tratado. En este escenario, la obra "La Argentina en la Antártida a Sesenta Años de Vigencia del Tratado Antártico" (Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI), 2021), coordinada por Miryam Colacrai, presenta una excepcional oportunidad de análisis sobre el tema.

En este sentido, la obra introduce, en primer término, un análisis histórico. En consonancia con ello, Pablo Fontana explica los inicios de la presencia de la Argentina en la Antártida. El autor hace referencia a una fecha crítica, el 22 de febrero de 1904, en la cual la Argentina tomó posesión de un observatorio en la base Orcadas. A partir de allí, Fontana realiza un recorrido histórico del avance rioplatense en Orcadas, otorgando una especial relevancia a los desarrollos científicos que se produjeron en las décadas subsiguientes. Miryam Colacrai, por su parte, mantiene un enfoque histórico pero analiza el contexto local e internacional que rodea a la firma del Tratado Antártico. En línea con ello, la autora argumenta que la coyuntura crítica devenida de la Guerra Fría contribuyó a la generación de preocupaciones sobre la seguridad en la región. Del mismo modo, las reivindicaciones territoriales de los Estados y sus prácticas en la Antártida reducían las posibilidades de cooperación interestatal. Empero, señala Colacrai, el Año Geofísico Internacional abrió una venta de oportunidad para que los países con intereses en la región comiencen a transitar el camino de la cooperación internacional. En este escenario, los Estados con reclamos territoriales firmaron el Tratado Antártico en 1959, el cual, de acuerdo con la autora, exhibía una combinación de intereses estratégicos y de seguridad, políticos y científicos. En paralelo, Colacrai analiza el escenario doméstico en el que se desarrolló el proceso de ratificación del Tratado en 1961. Al respecto, la autora señala que la Cámara de Diputados, en contraste con el Senado, evidenció las disímiles percepciones de la Cámara sobre la relación que debía tener la Argentina con la Antártida.

Desde otro enfoque argumentativo, Rocío del Valle Borjas, Pedro Parica y Valentín Sanz Rodríguez analizan cuestiones cartográficas y de logística relativas a la posición argentina en la región. En esta línea, los autores aseguran en primer lugar que la cartografía argentina nació en 1904 con el establecimiento de un observatorio en Orcadas. Aún más, señalan que la cartografía constituía un elemento crucial para legitimar los reclamos territoriales y de soberanía de la Argentina en la Antártida. En segundo lugar, y manteniendo este enfoque, Adolfo Humarán analiza el rol de las fuerzas armadas como el sostén logístico en la región. En este sentido, el autor señala que, tras la consolidación de la actividad antártica argentina y la unión entre la ciencia y la logística, las FF.AA. se ubicaron en el Sostén Logístico Antártico, lo que permitió aumentar el conocimiento del sector antártico correspondiente a la Argentina. Por último, Guillermo Mariano Palet provee igualmente una revisión histórica y los contrastes pasados con la situación actual del Sostén Logístico Antártico para brindar, posteriormente, propuestas para avanzar con su modernización.

Asimismo, la obra presenta otras dos vertientes analíticas insoslayables para la provisión de un análisis integral de la posición argentina en la región. En este sentido, Ariel Mansi y Enrique Marschoff, buscan responder al interrogante fundamental sobre el potencial riesgo de los valores del régimen jurídico de conservación de los recursos vivos marinos antárticos, mientras que Marisol Vereda y Marie Jensen analizan el costado turístico, derivando conclusiones relevantes sobre la situación turística en la región a partir de un recorrido holístico relativo al turismo antártico.

Por último, Máximo E. Gowland ofrece un análisis sobre la actualidad y las perspectivas futuras del sistema del Tratado Antártico, considerando el impacto de la crisis derivada del COVID-19. En este sentido, el autor, en consistencia con las ideas de Colacrai, señala que el Tratado Antártico "ha sido uno de los ejercicios diplomáticos más exitosos del siglo XX", lo que lo transforma en un marco normativo preparado para afrontar los desafíos que plantea la Antártida.

En breve, "La Argentina en la Antártida a Sesenta Años de Vigencia del Tratado Antártico" provee un análisis integral y detallado sobre el sistema del Tratado Antártico y la posición de la Argentina en una región de gran importancia geopolítica. La comprensión de los análisis realizados por Colacrai et al. resulta, consiguientemente, fundamental para aprehender holísticamente los desafíos que enfrentó, enfrenta y enfrentará la República Argentina en la Antártida.

 

 

2. El Ártico: efectos del calentamiento global

Hasta el siglo XIX, la temperatura en nuestro planeta fue estable. Sin embargo, desde 1900 ha aumentado en poco más de un grado. La situación es más preocupante en el Ártico, donde, en el mismo período, aumentó dos grados, un proceso conocido como "amplificación ártica o polar" (The Conversation). De acuerdo con el último informe elaborado por la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de los Estados Unidos, el Ártico se está transformando en una zona más cálida y biológicamente distinta. Un artículo publicado por las científicas Laura Landrum y Marika Holland (Nature Climate Change) señala que el hielo oceánico se ha reducido en un 12 % desde la década de 1970 (The New York Times). El derretimiento de los hielos, a su vez, contribuye en un 30 o 50 % al calentamiento global, y sus efectos tendrán impactos en todo el mundo. Además, Shaugn Coggins y James Ford (Georgetown Journal of International Affairs) profundizan en las implicancias negativas para las poblaciones indígenas de la región, cuyas formas de vida se ven amenazadas.

En los últimos años, científicos de todo el mundo han propuesto innovaciones para revertir esta tendencia. Leslie Field, de Stanford University, lidera Arctic Ice Project, una iniciativa que espera recuperar parte del hielo perdido mediante la construcción en el Ártico de una capa de sílice y silicona que refracta la luz del sol. Por su parte, un centro experimental de Harvard University lleva adelante pruebas para arrojar aerosoles en la estratósfera que permitan repeler el calor del sol, una idea que ha sido criticada por su potencial daño a la capa de ozono (The Guardian).

Jen Evans y Andreas Østhagen (The Arctic Institute) explican cómo a medida que el hielo marino disminuye en el Ártico, se hace más factible el acceso a recursos como el gas o el petróleo que se encuentran en locaciones no continentales. Sin embargo, para los autores, estas nuevas fuentes de recursos no son las causantes (aún) de agresiones o conflictos entre los Estados miembros del Consejo Ártico, ya que el premio más codiciado son los recursos vivos marinos. Evans y Østhagen explican cómo la suba de demanda por este recurso será un obstáculo para el régimen actual, y remarcan la necesidad de conjurar nuevas formas de cooperación. Ejemplificando con resoluciones de conflictos similares en el Mar Bering y en el Atlántico Norte, los autores resaltan que, en principio, cualquier disputa que pueda darse sobre los recursos vivos marinos no tiene por qué afectar las relaciones bilaterales de los Estados implicados. Asimismo, un importante factor en la limitación de la explotación de dichos recursos será la injerencia de la opinión científica en cuanto a los potenciales impactos que se producirían en el ambiente, los cuales podrían seguir empeorando los indicadores de cambio climático.

Respecto a los hidrocarburos, Thomas Grove (The Wall Street Journal) resalta el deseo de Rusia por mantener y profundizar su superioridad militar en el Ártico debido al futuro agotamiento de los recursos de este tipo en Siberia. En línea con estos fines, el país euroasiático ya comenzó la recolección de evidencia geológica para probar la pertenencia de la dorsal de Lomonosov –importante reserva de gas y petróleo– a su territorio. La decisión está a cargo de Naciones Unidas, encargada de decidir si pertenece a Rusia, Canadá o Dinamarca. A su vez, Moscú reclama el derecho a controlar la circulación sobre la llamada Ruta marítima del Norte. Esto aumenta las tensiones con China, país socio en proyectos gasíferos en el Ártico ruso, y con Estados Unidos, el cual busca balancear el poderío militar ruso en esa región.

Sin embargo, EE.UU. parece haber puesto un freno a la explotación de hidrocarburos en su porción del Ártico con la llegada de Biden tal como reportan Coral Davenport, Henry Fountain y Lisa Friedman (The New York Times). La decisión de suspender licencias de perforaciones petroleras en la tundra de Alaska revierte una medida tomada por la administración anterior, aunque como ha sido mencionado en el artículo de Grove, no significa una pérdida de interés por mantener el poder en la región.

Por otro lado, Matthew Hall (Mining Technology) se ocupa de analizar la deseada influencia de China en la región, especialmente su interés por lograr un acuerdo con Groenlandia. Este territorio es atractivo, destaca el autor, por sus reservas de hierro, zinc y tierras raras, junto también con su posición estratégica. El gobierno de Groenlandia ha hecho público su interés en admitir inversiones extranjeras con el fin de diversificar su economía, focalizándose en proyectos para aprovechar sus recursos naturales. Es aquí donde China podría ejercer puntos de injerencia en la región, explica Hall, ya que hoy en día ya se encuentran dos importantes compañías chinas desarrollando proyectos para extraer minerales no comunes.

 

 

3. El Consejo Ártico y su rol en la gobernanza regional

El Arctic Centre de la Universidad de Lapland define a la gobernanza como un concepto multinivel y multidimensional, el cual reúne normativas, instituciones y objetivos; es una noción dinámica, un objeto en constante cambio. Estos elementos, afirman, están presentes en el Ártico, una región que está experimentando profundos cambios ambientales, económicos y sociales. En relación a este aspecto, Ian Birdwell (Centro de Seguridad Marítima Internacional) realiza un análisis en torno al rol del Consejo Ártico en los últimos años, y el trabajo que ha realizado el mismo para promover marcos gubernamentales regionales.

Birdwell afirma que el Consejo se encuentra continuamente promoviendo medidas activas para garantizar que el medio ambiente ártico esté protegido. El 18 de mayo, la Federación de Rusia asumió la presidencia del Consejo Ártico hasta el año 2023 bajo la temática de "Gobernanza responsable para el Ártico sostenible", marcando así el final de la presidencia islandesa (Saga Helgason, Ekaterina Uryupova y Romain Chuffart, The Arctic Institute). Durante su administración, las cuatro prioridades de Islandia fueron el cuidado del medio ambiente marino del Ártico, el clima y las soluciones de energía verde, las comunidades del Ártico y el establecimiento de un Consejo Ártico más fuerte.

Los autores señalan que para los próximos dos años, los ambiciosos planes incluyen la promoción de enfoques colectivos para el desarrollo sostenible de la región con enfoque en los aspectos ambientales y socioeconómicos. The Arctic Council Ministerial subraya la importancia de la colaboración de 25 años entre los ocho Estados árticos y los seis participantes indígenas permanentes: este es el único foro en el mundo donde tan variados actores se sientan juntos a la misma mesa para diseñar conjuntamente un plan a futuro. La Comisión Europea advierte que desde la última Reunión Ministerial de Ciencia del Ártico en 2018, los cambios en el ecosistema del Ártico y los impactos resultantes a nivel local y mundial se han sentido severamente, por lo que es necesario llegar a acuerdos conjuntos y tomar medidas mitigantes de adaptación y reparación.

En reconocimiento del 25º aniversario del Consejo, los Ministros también adoptaron el primer Plan Estratégico del Consejo hasta el 2030. Yasuo Takeuchi (Nikkei Asia) explica que en este plan de diez años se citan siete objetivos, incluido el monitoreo de los impactos del cambio climático, la cooperación en el desarrollo económico sostenible y diverso, así como el fortalecimiento del foro en sí. Las naciones prometen reducir las emisiones de hollín e intentar prevenir la contaminación marina, además de introducir normas y estándares para crear un ambiente marino ártico saludable. El autor señala que aunque el Consejo Ártico no se ocupa de cuestiones militares o de seguridad, el desarrollo económico en el Alto Norte está estrechamente relacionado con estos temas: a medida que se establecen objetivos específicos para 2023, los expertos predicen tensiones, especialmente entre Estados Unidos y Rusia, en temas como las rutas marítimas.

 

4. Ciencia y cooperación en el Ártico

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Las características particulares del Ártico hacen que la cooperación sea un factor clave para lograr objetivos específicos y establecer relaciones en las que prime la confianza. En este sentido, James DeHart, coordinador del Departamento de Estado de EE.UU. para el Ártico, expresó recientemente su cauto optimismo sobre el futuro de la región. En su opinión, en muchos aspectos, el statu quo de la región es envidiable, ya que existe una cooperación "asombrosa" que tiene lugar en la comunidad de investigación científica y a través del Consejo Ártico (Atlantic Council).

Respecto a esto, Pavel Devyatkin señala para The Arctic Institute que la cooperación científica sigue siendo un objetivo importante a pesar de la posible existencia de hostilidades y sospechas. El autor afirma que el trabajo mancomunado respecto a, por ejemplo, la investigación climática, puede servir como estabilizador en medio de un cambio en el equilibrio de poder global. Devyatkin advierte respecto a China que –a diferencia de sus inversiones en tierra e infraestructura y extracción de recursos–, su compromiso científico se ha recibido positivamente.

Siguiendo esta línea, Rasmus Gjedssø Bertelsen (The Arctic University of Norway) describe la importancia de la ciencia para la integración china en las instituciones árticas. El autor afirma que la construcción de comunidades epistémicas, entendiendo a las mismas como redes transnacionales de expertos que comparten y co-crean soluciones científicas, puede generar confianza y producir conocimientos valiosos; Bertelsen llama a esta dinámica "la diplomacia científica del Ártico". En contraste, otros analistas como Anne-Marie Brady argumentan que la ciencia ártica china está más bien destinada a promover los intereses estratégicos del país en la región, que en última instancia pueden incluir un componente militar.

 

5. Seguridad en el Ártico: una creciente necesidad

De acuerdo al informe publicado por Kertysova y Graef (European Leadership Network) uno de los grandes dilemas que se está desarrollando en la región del Ártico corresponde a la creciente actividad militar. Como consecuencia se ha dado comienzo a un ciclo acción-reacción a través del cual las potencias buscan fortalecer su presencia y sus capacidades en el Polo Norte (Boulègue y Depledge, Chatham House). El problema reside en que, si bien se creó el Foro de las Fuerzas de Seguridad del Ártico –o Arctic Security Forces Roundtable–, el mismo no ha sido efectivo para resolver las disputas. La ausencia de cooperación en este sentido podría derivar en la insurgencia de nuevos enfrentamientos en la región (European Leadership Network). Asimismo, Jen Evans y Andreas Østhagen (The Arctic Institute), sostiene que no debemos preguntarnos si es posible que un futuro conflicto tenga lugar en la región, sino que debemos asumir que dicho conflicto será inevitable por lo cual es necesario adentrarse en el diálogo que permita proseguir con un espíritu de cooperación entre los actores involucrados.

 

6. El Ártico en las relaciones entre los Estados Unidos y Rusia

Desde la perspectiva de Heather A. Conley y Colin Wall (CSIS) la relación bilateral entre Estados Unidos y Rusia sobre el cambio climático se ha convertido en una prioridad urgente. Llevar a cabo una acción cooperativa puede resultar difícil. No obstante, y a pesar de las tensiones existentes, los autores del CSIS argumentan que existe un historial de colaboración bilateral entre ambas potencias. Actualmente, la administración Biden identificó varios proyectos climáticos que podrían obtener el apoyo de Rusia. Entre ellos, una mayor teledetección y observación del deshielo del permafrost y el inicio de la investigación científica que sustente la futura gestión de la pesca en el Océano Ártico Central. Tanto Paul Stronski como Richard Sokolsky (Carnegie Endowment For International Peace) opinan que este es un momento oportuno para que Washington busque áreas de cooperación en las que haya una convergencia de intereses sobre la región, así como diseñar reglas de juego similares a las que existían durante la Guerra Fría para reducir tensiones, evitar o gestionar crisis y mitigar los riesgos de conflicto por un accidente o un error de cálculo.

En adición, Rusia espera reactivar un diálogo militar entre los estados árticos. Respecto a esa temática, el ministro de Asuntos Exteriores de Rusia,Serguéi Lavrov (Russian Council), expresó que el despliegue de actividad militar rusa no debería ser una sorpresa, dado que la costa ártica es parte de su territorio, y allí toda actividad es legal y legítima. De todos modos, propone retomar las reuniones periódicas con los países miembros del Consejo para aumentar la previsibilidad y reducir los riesgos de un plan militar. En sudiscurso pronunciado en la reunión que dio inicio a la presidencia rusa, manifestó que se propone preservar en la Organización el espíritu de cooperación. Destacó, a su vez, que Rusia es la mayor potencia ártica, y como tal, defenderá la primacía de la paz, la estabilidad y la cooperación constructiva.

 

7. Las ambiciones de China en el Ártico

De acuerdo a lo mencionado anteriormente, China ha aumentado su participación en la región ártica debido a la promesa de recursos naturales y nuevas rutas comerciales transoceánicas. Emil Avdaliani (China Observers) señala que existe un aumento significativo en el interés geopolítico y económico en el Ártico como consecuencia del cambio climático: entre las principales potencias que luchan por impulsar su presencia en la región, China, un estado no ártico, es de los actores más prominentes. Rush Doshi, Alexis Dale-Huang y Gaoqi Zhang (Brookings) argumentan que, a juzgar por sus discursos, el objetivo del presidente Xi Jinping es convertir a China en una "gran potencia polar" para 2030, aunque los documentos externos de China rara vez lo mencionen.

A pesar de esto, Yaroslav Shedov (Modern Diplomacy) advierte que la Armada china cuenta con muchos más recursos militares en la región que los demás países contendientes. El autor sugiere que China puede negociar bilateralmente con los estados costeros del Ártico para obtener acceso a la zona, usando el marco legal de la cooperación internacional en materia de seguridad como excusa para su presencia militar en un futuro cercano. Además, recuerda al académico chino Li Zhenfu, quien aseguró que "...quien controle el Océano Ártico controlará el nuevo corredor de la economía mundial".

Siguiendo esta lógica, desde 2017 China pretende construir una Ruta de la Seda Polar. Hasta el momento, se ha avanzado en el desarrollo de vías navegables por el Mar del Norte hacia Rusia, pero se ha encontrado con resistencia por parte de otros países árticos como Canadá, Dinamarca, Finlandia y Suecia (The Diplomat). Según Kinling Lo, para que sus planes de expansión prosperen, China deberá presentar proyectos cooperativos para mejorar sus relaciones bilaterales con esos países, incluido los Estados Unidos (South China Morning Post).

 

8. India y su política ártica

Si bien India inició su presencia en el Ártico en 2007, cuando lanzó su primera expedición científica, la situación ha dejado a la comunidad académica con ánimos de expandirse. En consecuencia, el país ha publicado recientemente un borrador de una política ártica para avanzar en el tema. Abhijnan Rej (The Diplomat) argumenta que la publicación manifiesta cinco pilares de la política india: investigación científica, economía y desarrollo humano, conectividad, gobernanza global, cooperación internacional y desarrollo de recursos. De esta manera, el autor caracteriza a dicha planificación como ambiciosa, ya que si bien científicamente India tiene razones para enfocarse en el Ártico, la misma visualiza al polo como un punto de partida crucial para proyectar su poder al este y oeste de Eurasia.

Siguiendo una línea similar, Rashmi Ramesh (The Arctic Institute) sitúa al proyecto en tres contextos amplios. Primero, visualizando a India como una gran potencia emergente, y como tal, debe colocar a esta región en su agenda internacional a fin de diversificar sus fuentes energéticas, proteger el medio ambiente y cooperar en la ciencia polar. En segundo lugar, analiza que la tenaz aceleración de China en estos asuntos llevó a Nueva Delhi a persuadir con la idea de que el Himalaya es el "tercer polo", considerándose así parte de la región polar y enfatizando su identidad, a la vez que se involucra activamente con el Ártico. Finalmente, desde el contexto del transporte y la conectividad, India planea llegar a dicho polo a través del Corredor de Transporte Internacional Norte Sur, propuesta que a largo plazo, Ramesh señala, será un contrapeso a la Ruta de la Seda Polar de China.

 

9. COVID-19 y la región ártica

La pandemia ocasionada por el virus SARS-CoV-2 ha tenido grandes repercusiones en la comunidad internacional, provocando una severa emergencia a nivel sanitario, económico y social. Ni siquiera las áreas remotas de la región ártica se han librado de ser afectadas por el virus y sus negativas consecuencia. De acuerdo a Sanna Kopra (The Artic Institute), no es posible hablar de una respuesta ártica cohesiva frente a la pandemia, sino esfuerzos asilados destinados a mitigar los daños sociales y económicos. Las políticas nacionales implementadas han variado significativamente entre los ocho Estados árticos: mientras que los países nórdicos han adoptado enfoques bastante similares para la pandemia, Rusia no ha emitido una política sólida sobre el coronavirus.

En adición, la pandemia ha evidenciado otras vulnerabilidades existentes en las comunidades árticas en general, y las de los pueblos indígenas en particular. De acuerdo a Kopra, resulta probable que el cambio climático introduzca, en el futuro, nuevas enfermedades infecciosas en la región. Por lo tanto, para prepararse para futuras pandemias, el desarrollo de la cooperación regional en salud es de suma importancia, especialmente en iniciativas como el proyecto One Health del Consejo del Ártico, la Unión Internacional para la Salud Circumpolar y la Red de Investigación en Salud Circumpolar. Pero también vale destacar que los impactos negativos de la pandemia no se distribuyen de manera uniforme en el ártico. En las partes más remotas de esta región, la presencia del virus ha agravado, por ejemplo, la administración de justicia y la situación de los trabajadores destinados a proyectos de gran escala.

 

Edición: Analía Amarelle y Lucas Chiodi.

Equipo de Redacción: Camila Busso, Tamara Cheroki, Lucía Cobián, Flora Fadda Kim, Julieta Larruy, Candela Leguizamón, Lucas Mertehikian, Paula Pochettino, Ludmila Prahl, Ronán Pros, Zach Saderup, Martina Schmitt, Lucía Trossero.

 

 

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