Boletín de Noticias de Análisis Internacional

Semana del 30 de julio al 6 de agosto de 2021

 

INDICE

1. El G20 y la Unión Africana

2. La crisis política e institucional en Túnez

3. Ebrahim Raisi asume como Presidente en Irán

4. Afganistán: del compromiso de Doha a hoy

5. Japón: Los efectos de la crisis demográfica

6. El Equipo Olímpico de Refugiados: una propuesta que une el deporte y la ayuda humanitaria

7. La participación de los jóvenes en las relaciones internacionales

8. Desafíos para la agenda democrática estadounidense

9. Francia: El dilema entre libertad y fraternidad

10. Repensando el cambio climático en el marco del COVID-19

 

 

1. El G20 y la Unión Africana

El espacio multilateral que ofrece el G20, quizás uno de los más influyentes a nivel global (BBC News), atraviesa una disyuntiva entre ser ágil y ejecutivo, o ser plural y deliberativo (Jeffrey Sachs). Este año, la presidencia del foro está a cargo de Italia. La Declaración de Matera, ratificada el 29 de junio pasado por los ministros de Relaciones Exteriores de los Estados miembro y la Unión Europea, hace especial hincapié en la importancia de afianzar la seguridad alimentaria y la nutrición en estos tiempos de pandemia (Panoramica). En su artículo primero, la Declaración expresa que el mundo no va camino a cumplir la meta de Hambre Cero para 2030, uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible a alcanzar para el fin de la década. A pesar de las invitaciones a representantes de toda África (DW), el único Estado que participa como miembro oficial en el foro es Sudáfrica. Esta escasa representación oficial otorgada al continente africano es un hecho que se reafirma con la llamativa ausencia de Estados con mayor PBI, como Egipto y Nigeria (Heinrich Boll Stiftung). Las Cumbres realizadas en Venecia y Roma durante el mes de julio, no parecen incluir esta ausencia de representación sobre la agenda (Euronews). Al reconocer la seguridad alimentaria como problemática, es sustantivo el aporte que puede otorgar la Unión Africana, integrada por 55 economías del continente (Jeffrey Sachs). En conclusión, sería consistente con la política multilateral del foro incluir a la Unión Africana como miembro oficial. A su vez, tampoco carecería de astucia ceder un mínimo de agilidad administrativa por una ganancia en términos de representatividad y pluralidad.

 

2. La crisis política e institucional en Túnez

El 26 de julio, el presidente de Túnez, Kaïs Saïed, anunció la congelación de las actividades del Parlamento durante 30 días y la destitución del primer ministro, Hichem Mechichi. La iniciativa de Saïed, que mientras tanto tomará las riendas del Ejecutivo, ha llegado al final de un día de protestas populares contra la gestión de la emergencia sanitaria por parte del Gobierno y de Ennahda, partido islamista mayoritario en Parlamento. El presidente de la República tunecina se reafirma como el miembro más influyente de la política del país. El uso del artículo 80 de la Constitución ya había sido mencionado por el jefe de Estado en las últimas semanas a la luz de la crisis del país del norte de África. Por una parte, el jefe de Estado reivindica la constitucionalidad de su acción prometiendo, entre otras cosas, no quitar las libertades duramente durante la primavera árabe de hace 10 años (The New York Times). Por otra parte, los islamistas moderados de Ennahda, aunque denuncian un golpe de Estado, por el momento mantienen una posición serena animando a los manifestantes a volver a casa y no agravar la situación (The National Interest). Sin embargo, aún es temprano para tomar una postura acerca de los efectos de la decisión de Saïed. Sin duda, esta última no será el remedio para todos los problemas internos de un país que sigue siendo azotado por la pandemia. En efecto, la composición de una gestión fallida por parte de las instituciones tunecinas y la consiguiente escalada de la crisis de COVID-19 han puesto en manifiesto las desigualdades sociales y el deterioro de la economía (Open Democracy). Parece que Túnez está a un paso de una crisis económica, social y política. El destino del país norteafricano será sin duda más claro en las próximas semanas.

 

3. Ebrahim Raisi asume como Presidente en Irán

Raisi, exmiembro de las denominadas "comisiones de la muerte" —responsables de ejecutar y perseguir opositores políticos en 1988— salió victorioso en las recientes elecciones llevadas a cabo en Irán para definir quién continuará con el rol de líder supremo en este país (The Times). Una amenazante ola de COVID-19, una economía duramente dañada por sanciones y protestas anti-gobierno son solo algunos de los desafíos con los que tendrá que lidiar el nuevo mandatario iraní (The Times). El conflicto con Israel, que se ha extendido a enfrentamientos marítimos, tampoco parece dar respiro a este estado de situación caótico. Por otro lado, las negociaciones con Estados Unidos y demás poderes nucleares se encuentran estancadas o, por lo menos, obstaculizadas. Como si fuera poco, aún días antes de su asunción como presidente, grupos defensores de Derechos Humanos se manifestaron en contra de Raisi, reclamando que el entonces futuro presidente sea juzgado por crímenes de lesa humanidad a partir de su involucramiento en las ejecuciones masivas ocurridas en Irán hace más de tres décadas (The Washington Post). Muchos ciudadanos han advertido que Raisi no es el candidato ideal para ocupar el puesto (The Washington Post). De hecho, más de la mitad de los votantes habilitados cesaron de su participación en dichas elecciones, que acabaron posicionando a esta figura del clérigo musulmán chiíta ultraconservador al pie del cañon (The Washington Post). Frente a demás factores que contribuyen al estado de situación crítico en Irán (como la escasez de agua que azota en el sur), un líder que consolide la tradición ortodoxa y atempere la crisis de confianza pública en el gobierno parece ser la solución más cercana (Vohra). Con el objetivo de plantar una posición firme frente a Estados Unidos, Ebrahim Raisi promete terminar "la tiranía" de las sanciones norteamericanas y jura a su nación no someterse a "la voluntad de poderes externos" (The Times).

 

4. Afganistán: del compromiso de Doha a hoy

El compromiso firmado en febrero del 2020 en Doha por los talibanes, el cual garantiza un enfoque negociado de poder, no parece hasta la fecha ser respetado. La ofensiva masiva contra algunos de los mayores centros de población afganos, como Herat, Lashkar Gah y Kandahar, demuestra la intención de los grupos talibanes de no tratar con las instituciones reconocidas de Afganistán o, en todo caso, de querer hacerlo desde posiciones de fuerza absoluta. En efecto, parece que se dan todas las condiciones para que la amenaza progrese. Hasta ahora la respuesta del Gobierno central ha sido fragmentada e insuficiente en términos de unidades militares, no es casualidad que Kabul haya vuelto a mirar a las milicias locales para colmar la falta de soldados regulares (The New York Times). En particular, la situación en Kandahar parece la más delicada: el aeropuerto de la segunda ciudad más grande del país está cerrado, después de que los guerrilleros lo bombardearon. El día anterior al ataque en la ciudad había decenas de miles de personas desplazadas y un desastre humanitario estaba por acontecer (BBC News). En efecto, la ciudad tiene un valor simbólico para los talibanes: su caída podría ser un punto de no retorno en el enfrentamiento (ABC Internacional). Por lo tanto, resulta esencial en este punto del avance que las autoridades afganas hagan lo que los Estados Unidos les piden hacer: concentrar todas las fuerzas militares en defensa de los grandes centros urbanos del país, empezando por Kandahar. Como menciona Barry (International Institute for Strategic Studies), este escenario garantiza el control del suelo urbano clave durante algún tiempo. Cuanto más tiempo se mantenga a los talibanes fuera de las ciudades clave de Afganistán, más débil será su posición negociadora.

 

5. Japón: Los efectos de la crisis demográfica

En los últimos días, se relevó un informe preliminar del censo 2020 de Japón, arrojando resultados preocupantes para el gobierno (The Japan Times). En los últimos años la población japonesa tuvo un descenso de más de 860 mil personas. Asimismo, se detectó una baja en la población de prefecturas rurales, mientras que en prefecturas urbanas como Tokio y alrededores reportan un aumento en la población. Esto no solo implica problemas de índole demográfica sino también en otros aspectos como el electoral y el militar. Eric Johnston (The Japan Times) destaca la posibilidad de un reordenamiento en la cantidad de bancas que corresponden a cada prefectura en la Cámara Baja de la Dieta Nacional. En el área de las Fuerzas Armadas, Tom Phuong Le (The Washington Post) indica que este problema demográfico impacta en sus Fuerzas de Autodefensa, derivando en una problemática relevante para su seguridad nacional; se estima que en cuarenta años la población habilitada para conformar las Fuerzas de Autodefensa se reducirían en un treinta por ciento. Zack Cooper (Council of Foreign Relations) señala que el problema demográfico japonés no solo afecta a Japón sino a su sistema de alianzas, en particular con los Estados Unidos, Estado con el que tiene una alianza militar de más de sesenta años. Un Japón con una población en bajada lo convierte en un Estado cada vez menos influyente en una región con desafíos cada vez más complejos. Tanto Motoko Rich (Council of Foreign Relations) como el anteriormente mencionado Tom Phuong Le, describen una solución ante semejante problema; una incorporación más activa y profunda de las mujeres japonesas a la fuerza laboral, un sector que pareciera no estar siendo impulsado a su máximo potencial.

 

6. El Equipo Olímpico de Refugiados: una propuesta que une el deporte y la ayuda humanitaria

Fue en octubre de 2015 cuando el presidente del COI (Comité Olímpico Internacional), Thomas Bach, decidió presentar una propuesta que cambiaría el destino de muchas personas. La implementación del deporte como herramienta clave para hacer frente a la crisis de refugiados demuestra cuán importante es empatizar con los deportistas y, ante todo, fomentar la cooperación respecto de este desafío tan prioritario en la agenda internacional.  Es por eso que, desde su primera aparición en los Juegos Olímpicos de Río 2016, el Equipo Olímpico de Atletas Refugiados no solo busca visibilizar las problemáticas que los llevaron a huir de sus países, sino también canalizar sus vivencias a través del único ámbito que trasciende barreras idiomáticas y culturales: el deporte. En esta edición, la delegación de refugiados está compuesta por 29 atletas que han sido desplazados de sus naciones de origen como consecuencia de conflictos sociopolíticos y desastres naturales (Matt Bonesteel, The Washington Post). Desde su fundación el equipo pasó de 10 a 29 integrantes provenientes de Siria, República Democrática del Congo, Sudán del Sur, Eritrea, Venezuela, Irán, Irak, Afganistán, y Camerún (David Rose, The Times). Los abanderados son la nadadora Yusra Mardini, originaria de Siria, y el maratonista Tachlowini Gabriyesos, proveniente de Eritrea. Sus historias de vida son tan impactantes como emotivas. En el caso de Mardini, en 2015 ella y su hermana huyeron de Damasco con el objetivo de llegar a Grecia en bote. En el trayecto el motor se averió y la joven de tan solo 17 años saltó al agua y empujó el bote durante 3 horas para poner a salvo una embarcación llena de personas (UNHCR). El valor de esta delegación reside no solo en el hecho de que representa una cuestión que, a simple vista, carece de solución a corto plazo, sino también en el mensaje de esperanza y resiliencia que transmite a los 82.4 millones de refugiados (UNHCR) que aún se encuentran en situaciones de alto riesgo.

 

7. La participación de los jóvenes en las relaciones internacionales

La pandemia provocada por la aparición del coronavirus ha tenido importantes consecuencias en distintos ámbitos del escenario mundial. Entre los grupos más perjudicados por esta crisis internacional se encuentran los jóvenes que se vieron afectados económica y socialmente. Muchas problemáticas fundamentales para esta nueva generación han sido relegadas por la crisis sanitaria. Es que según Mary Robinson, la pandemia agravó las profundas desigualdades de raza, género y clase que afectan a sociedades enteras, y puso de relieve la incapacidad para responder en formas que protejan los derechos humanos y la dignidad (Project Syndicate). Kevin Gillan (Chatham House) encuentra, sin embargo, que los jóvenes  no se resignan a que estas temáticas pierdan prioridad y esto puede verse en la ola de protestas de este último tiempo. Según Gillan, las nuevas generaciones, en medio de esta incertidumbre mundial, se han levantado en diferentes partes del mundo reclamando contra la situación económica, la injusticia social, el racismo y una mayor participación democrática. El movimiento EndSars surgido en Nigeria es un ejemplo de estas movilizaciones: la activista Rinu Oduala (Chatham House), realizó una convocatoria a la cual rápidamente otros jóvenes se unieron en protesta contra la brutalidad policial y el racismo reclamando un mayor accountability y el fin del Special Anti-Robbery Squad. Según explica Bolu Akindele (Global Voices), el EndSars se generó de una forma espontánea, ya que velozmente y en distintos lugares del país salieron a las calles al enterarse de estos sucesos en la red social Twitter. La experiencia de vida de las nuevas generaciones lleva a poner estas problemáticas en la agenda de los líderes mundiales (Chatham House).

 

8. Desafíos para la agenda democrática estadounidense

Con la asunción de Joseph Biden como presidente de Estados Unidos, la democracia se ha posicionado en la agenda exterior como uno de los temas más relevantes. Sin embargo, existen diferentes desafíos que deberá enfrentar la nueva Administración para lograr que sus políticas pro-democracia sean exitosas. En principio, Frances Brown y Thomas Carothers (Foreign Affairs) consideran que es necesario que Estados Unidos tome un enfoque diferente respecto a las medidas que deben adoptarse frente a Rusia y a China. Según los autores, considerar a estos países como el principal peligro para la democracia significaría desconocer los verdaderos motivos de la pérdida de legitimidad del sistema democrático. Además, Robert Manning y Mathew Burrows (War on the Rocks) agregan que en vez de considerarlos como una amenaza, la administración de Biden debería trabajar con ellos a través de un sistema que trate problemas específicos como el cambio climático, el comercio y la tecnología. En segundo lugar, Brown y Carothers argumentan que el nuevo gobierno encuentra que la virtud de la democracia está en el crecimiento económico y en la provisión de servicios, pero ese es también el objetivo de otro tipo de regímenes. Para los autores, el valor de la democracia reside en la existencia de la libertad de expresión y la posibilidad de elegir gobernantes, por lo que consideran que esto es lo que se debería destacar para que la política exterior estadounidense sea más eficaz. Por último, los autores Manning y Burrows explican que los problemas internos han puesto en evidencia ciertas debilidades del sistema democrático y que resulta necesario resolver estos conflictos para que las políticas de promoción de la democracia del presidente Biden resulten exitosas.

 

9. Francia: El dilema entre libertad y fraternidad

El 12 de julio, el presidente de la República de Francia, Emmanuel Macron, anunció nuevas medidas para detener el alarmante aumento de contagios de coronavirus, opacando los festejos del día nacional dos días antes y motivando una fuerte respuesta de la ciudadanía. En un intento por extender aún más la campaña de vacunación y reducir los cerca de 18.200 contagios diarios promedio de la última semana (Reuters Covid-19 Tracker), el Gobierno francés busca aumentar el porcentaje de población protegida. Tanto el personal de salud, como la población en contacto con pacientes de riesgo deberán estar vacunados de manera obligatoria antes del 15 de septiembre (Ministere de l'Europe et des Affaires étrangères). Esta medida busca proteger a la población de lo que parece ser la cuarta ola del virus y de su nueva variante Delta. La implementación de un nuevo pase sanitario necesario desde el 21 de julio para ingresar a espacios culturales y de ocio, y desde el 9 de agosto para ingresar a cafés, restaurantes, hospitales, cines, geriátricos y realizar viajes en avión, tren y auto de larga distancia, generó una fuerte respuesta de la población. A pesar de que el 40 % de la población está vacunada completamente, hay más de 9 millones de vacunas disponibles que todavía no fueron aplicadas (Emmanuel Macron, France 24).  Mundialmente, la línea demarcatoria entre protección y libertad no es una tarea fácil de resolver. El equilibrio que parece buscar el gobierno, no pareció reflejarse en la población. El pasado 31 de julio, fue el tercer sábado consecutivo de protestas en contra del pase sanitario (La Vanguardia). Más de 200.000 personas exigieron que no se doblegue su libertad (Benezit y Bronner, Le Monde). Lo que sucede en la república francesa es un dilema entre dos de sus pilares fundamentales. La libertad y la fraternidad. A 53 días del fin del verano, el intento por mantener este delicado equilibrio oscila hacia los extremos. En definitiva, el éxito dependerá de que la población francesa manifieste una comprensión de la igualdad de peso entre ambos valores.

 

10. Repensando el cambio climático en el marco del COVID-19

Actualmente es posible pensar al mundo en torno a dos crisis, la pandemia, por un lado, y el cambio climático, por el otro. Mientras que la novedad de la pandemia requirió de una rápida resolución, vemos que, por el contrario, a lo largo de los años se postergó la búsqueda de soluciones efectivas frente a la segunda amenaza, dados sus efectos indirectos y progresivos. No obstante, los últimos eventos naturales al interior de diversos países han evidenciado el acelerado cambio climático en un contexto marcado por el COVID-19 y han permitido el resurgimiento de un relevante e inevitable debate. Acerca de ello, Richard Haass (Council on Foreign Relations) señala que la pandemia y los desastres climáticos mundiales demuestran la insuficiencia de los esfuerzos para abordar los problemas provenientes de la globalización. Tal insuficiencia puede ser vista actualmente en China, al evitar mencionar el cambio climático y al catalogar a las inundaciones en la provincia de Henan como un "acto repentino de la naturaleza", a pesar de que varios meteorólogos habían emitido una advertencia de alerta roja en torno a un clima extremo y letal (The Economist). De la misma manera que China silencia el hecho de que el accionar humano incide en el cambio climático,  el resto de los países líderes tampoco han ofrecido soluciones para dicho problema global. Siguiendo la misma línea, Jackson y Chablani (The New York Times) explican que, a modo de repensar la importancia del cambio climático, se debe dejar atrás el espíritu de responsabilidad individual para desarrollar propuestas de gran alcance e implementar soluciones que integren los acontecimientos mundialmente.

 

Edición: Analía Amarelle y Carla Gebetsberger.

Equipo de Redacción: Catalina Marino Aguirre, Santiago D'Agostino, Martino Fabris, Facundo González, Micaela Ruíz Díaz, Milagros Oliden, Magalí Vedoy Granja y Zach Saderup.

 

 

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