10
SEP

EVENTO ONLINE

El dominio naval en el conflicto EE.UU. -Irán

Jueves 10 de septiembre, 2026, 18.30 horas

180º sesión ordinaria del Comité Política Exterior y Fuerzas Armadas y el Comité de Economía Internacional del CARI

 

El dominio naval en el conflicto EE.UU. -Irán

 

Sesión académica organizada por el Comité Política Exterior y Fuerzas Armadas y el Comité de Economía Internacional.

 

Actividad virtual: https://us06web.zoom.us/j/84239492589

 

 

Presentación:

Embajador Carlos Sersale di Cerisano, Subdirector del Comité de Política Exterior y Fuerzas Armadas del CARI

 

Expositor:

Capitán de Navío Sebastián Andrés Marcó, Director de la Escuela de Guerra Naval

 

CV de Expositor:

Sebastián Andrés Marcó / Nació en Buenos Aires en el año 1970, graduándose de la Escuela Naval Militar de la Armada Argentina en 1993 con el grado de Guardiamarina. Pertenece al Cuerpo Comando, Escalafón Naval y Orientado en Submarinos. Ascendió al grado de Capitán de Navío en el año 2019.Su formación técnica naval incluye su especialización en Comunicaciones Navales. y el curso de Orientación en Submarinos. Posee una capacitación en “Navegación Antártica” y una capacitación como "Instructor en Derecho Internacional de los Conflictos Armados – DICA” otorgada por la Cruz Roja Internacional. Su formación de Operativa incluye el Curso “Aplicativo para Oficiales Navales” en la Escuela de Oficiales de la Armada (2005), el Curso “Comando y Estado Mayor” en la Escuela de Guerra Naval de la Armada Argentina (2009) y el curso “Escuela de Comando Naval” en el Collage de Guerra Naval de la Armada de los Estados Unidos (2019). Su formación académica se complementa con un Bachillerato Universitario y una Licenciatura en “Sistemas Navales” otorgada por el Instituto Universitario Naval. Fue profesor militar en la Escuela de Submarinos y Buceo y en la Escuela de Oficiales de la Armada. Entre otros cargos de responsabilidad, fue Comandante del Aviso ARA “Alférez Zobral” (2010); dos años Segundo Comandante (2011-2012) y dos años Comandante (2016-2017) del Submarino ARA “Salta”. En el año 2018 se ofreció como Director de la "Escuela de Submarinos y Buceo”, y en el año 2022 fue designado Comandante de la Fuerza de Submarinos. Ejercio el cargo de Director de Planes de la Armada en el año 2023 y el de Director General del Hospital Naval Buenos Aires durante el año 2024. En la actualidad se desempeña como Director de la Escuela de Guerra Naval desde enero del año 2025. En cuanto a cargos y actividades en el Exterior, prestó servicios como instructor en la Escuela de Submarinos de la Marina de Guerra del Perú (2003), en el Estado Mayor de la Fuerza de Paz de Naciones Unidas en Chipre (2013) y en el Naval War College dentro del Departamento Académico de Operaciones Militares Conjuntas Delaware la Armada Delaware los Estados Unidos (2020). Participó como representante de la Armada Argentina en las reuniones del Grupo de Trabajo sobre asistencia y rescate de submarinos (SMERWG), organizado por el ISMERLO en los años (2015) en Alemania y (2016) en el Reino Unido, así como también en la Primera y Segunda Conferencia de Submarinos de América (SCOTA 2022) y (SCOTA 2023) organizadas por la Armada de EE.UU. En el año 2025 participó del Juego de Guerra Trilateral organizado por la Escuela de Guerra Naval de la Marina de Brasil junto a oficiales de ese país y de Uruguay. Cumplió funciones como Oficial de Estado Mayor en el Comando de la Fuerza de Submarinos, en el Ejercicio Internacional UNASUR IV y en el Estado Mayor Especial Internacional del (COAA) durante las Operaciones de Búsqueda y Rescate del Submarino ARA “San Juan”.

Conclusiones:

Doctor Rosendo Fraga Director de Comité de Política Exterior y Fuerzas Armadas del CARI

 

Minuta de la reunión del Comité de Política Exterior y Fuerzas Armadas – CARI

La reunión se centró en el dominio naval en el conflicto entre Estados Unidos e Irán, con especial atención al estrecho de Ormuz como escenario estratégico. El área comprende el golfo Pérsico, el estrecho de Ormuz, el golfo de Omán y el mar Arábigo. El golfo Pérsico y el estrecho presentan aguas relativamente someras y cerradas, mientras que el golfo de Omán constituye una zona intermedia que gana profundidad hacia el mar Arábigo, caracterizado por aguas más abiertas.

La geografía del estrecho de Ormuz condiciona fuertemente las operaciones navales. Su reducido ancho y la existencia de canales determinados para la navegación obligan tanto a los buques comerciales como a los militares a desplazarse por espacios relativamente previsibles. Esto limita especialmente la libertad de maniobra de los grandes grupos de combate estadounidenses, incluidos sus portaaviones. Al mismo tiempo, el estrecho posee una importancia económica mundial debido a que por él circula aproximadamente entre el 20% y el 30% del petróleo mundial, convirtiéndolo en un punto estratégico cuya interrupción tendría consecuencias internacionales.

También existe una diferencia en la interpretación jurídica del estrecho. EE. UU., sostiene que Ormuz constituye un estrecho utilizado para la navegación internacional y, por lo tanto, corresponde aplicar el régimen de paso en tránsito, que permite la navegación y sobrevuelo de los buques y aeronaves de todos los Estados con determinadas condiciones. Irán, en cambio, considera que se trata de aguas bajo su soberanía y defiende la aplicación del régimen de paso inocente, sujeto a mayores restricciones. Ambas posiciones hacen referencia a la CONVEMAR, aunque ni Estados Unidos ni Irán son Estados parte de ella.

El enfrentamiento presenta una marcada asimetría de capacidades. EE. UU., dispone de una fuerza naval convencional de gran capacidad, organizada alrededor de grandes grupos de combate, portaaviones, destructores y sistemas avanzados de defensa. Irán, en cambio, no puede competir directamente en términos de poderío naval convencional, por lo que desarrolla una estrategia basada en la asimetría, la dispersión y la masividad.

Las fuerzas navales iraníes se encuentran organizadas en dos estructuras paralelas. Por un lado, la Armada de la República Islámica de Irán, fuerza naval regular que opera principalmente en las zonas de mayor profundidad, hacia el sudeste del país. Por otro, la Marina del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, que tiene como principal ámbito de acción el golfo Pérsico y el estrecho de Ormuz, espacios en los que las características geográficas favorecen las operaciones de unidades pequeñas y rápidas.

La doctrina iraní responde al concepto de antiacceso y negación de área. Su objetivo no consiste necesariamente en obtener el control absoluto del espacio marítimo, sino en impedir o dificultar que Estados Unidos pueda ejercer libremente su superioridad naval. Para ello, Irán busca desgastar al adversario, aumentando progresivamente el costo económico, militar y político de sus operaciones.

Entre las principales tácticas se encuentra el ataque en enjambre, mediante numerosas lanchas rápidas y pequeñas que, actuando coordinadamente, pueden aproximarse simultáneamente a un buque o grupo de buques. La utilización masiva de blancos pequeños permite saturar los sistemas defensivos y dificulta su detección y respuesta. A esto se suma el empleo de drones, minas navales, submarinos convencionales y mini-submarinos, así como misiles balísticos antibuque capaces de modificar la trayectoria durante su vuelo y atacar unidades navales. Entonces, la característica central de la estrategia iraní es la dispersión logística y operacional. 

Esto dificulta que Estados Unidos pueda neutralizar de manera centralizada la capacidad militar iraní. Esta nación, por su parte, busca adaptar su doctrina mediante una mayor distribución de sus fuerzas y defensa en profundidad o por anillos, evitando concentrar excesivamente sus grandes unidades. La tendencia apunta también a incorporar mayor cantidad de buques pequeños, sistemas no tripulados y capacidades distribuidas, con el objetivo de reducir la vulnerabilidad de las grandes plataformas.

Uno de los principales dilemas señalados durante la exposición es la inversión de la relación entre ataque y defensa. Una potencia naval como Estados Unidos puede poseer sistemas tecnológicamente superiores, pero enfrentarse a un problema económico cuando debe responder a una gran cantidad de medios relativamente baratos.

La utilización de misiles defensivos costosos para neutralizar drones, lanchas o sistemas de bajo costo puede generar una situación de intercambio desfavorable. Así, aunque Estados Unidos conserve la superioridad tecnológica y militar, la masividad de sistemas económicos y fáciles de reponer puede limitar su capacidad de sostener operaciones prolongadas. Esto conduce a una cierta democratización del poder naval, esto es que tecnologías que son relativamente económicas, accesibles y sencillas de producir permiten que Estados con capacidades militares inferiores, puedan desafiar a fuerzas navales tradicionalmente superiores. Esta lógica puede observarse también en el accionar de los proxies iraníes en la región, particularmente en Yemen.

El conflicto puede evolucionar desde escaramuzas y ataques limitados hacia una escalada progresiva. En este proceso, los ataques dejan de dirigirse únicamente contra terceros o contra el tráfico comercial y comienzan a afectar directamente a unidades militares estadounidenses, incluyendo ataques con drones contra destructores y otros medios navales.

La principal conclusión es que la superioridad naval no implica necesariamente libertad de acción. Una fuerza militar puede ser claramente superior en términos convencionales y, sin embargo, encontrar restricciones para operar en un espacio geográfico cerrado frente a un adversario que emplea tácticas asimétricas, dispersas y de bajo costo.

El desafío futuro consiste en avanzar hacia una fuerza naval más descentralizada y distribuida, con unidades capaces de operar de manera autónoma y coordinada, incluyendo sistemas no tripulados. La descentralización no supone necesariamente autonomía completa ya que requiere también sistemas eficaces de comando y control que permitan coordinar múltiples unidades dispersas.

Finalmente, la noción de victoria difiere para ambos actores. Para EE. UU., una victoria implicaría recuperar y garantizar la libertad de navegación y operación en el estrecho de Ormuz. Para Irán, en cambio, puede ser suficiente sostener una estrategia de desgaste que incremente los costos económicos y políticos estadounidenses y dificulte el cumplimiento de sus objetivos estratégicos.

 

10/09/2026, 18:30