Inserción de la Argentina en el mundo

Inserción internacional de Argentina: esta vez podría ser diferente

Por Ricardo Carciofi.

Inserción internacional de Argentina: esta vez podría ser diferente

El artículo analiza cómo la inserción internacional de Argentina está experimentando una transformación significativa, impulsada tanto por cambios externos -como la disrupción del orden económico global, la reconfiguración geopolítica y la volatilidad en los precios de las commodities- como por reformas internas orientadas a la apertura económica y la estabilización macroeconómica. Este nuevo contexto ha permitido el surgimiento de un patrón exportador basado en recursos naturales, energía y algunos servicios transables, lo que podría llevar a un equilibrio en la cuenta corriente en el mediano plazo. Sin embargo, este modelo enfrenta tensiones en la estructura productiva y el empleo industrial, además de límites en la diversificación productiva, la dependencia geopolítica y la sostenibilidad del desarrollo.
A diferencia de experiencias pasadas, la actual sincronía entre transformaciones globales y políticas domésticas -como la eliminación de restricciones a las exportaciones, la liberalización del mercado energético y la atracción de inversiones en minería- está generando un dinamismo exportador inédito, especialmente en sectores como la agroindustria, la energía y la minería. No obstante, persisten desafíos: la apertura comercial ha impactado negativamente en la industria manufacturera local, aumentando la competencia externa y reduciendo el empleo formal en sectores intensivos en mano de obra. Además, la relación con China y la dependencia de la política comercial de EE.UU. introducen incertidumbres geopolíticas que podrían condicionar el futuro de este nuevo modelo de inserción internacional.

Inserción internacional de Argentina: esta vez podría ser diferente

Ricardo Carciofi[1]

 

Introducción

En 2025 se ha producido una disrupción mayúscula del orden económico y comercial internacional. Es una transformación acelerada y está en marcha. El cuadro general está caracterizado por el debilitamiento de reglas y acuerdos multilaterales para ingresar a un terreno donde el poder y la geopolítica ocupan el centro de la escena. Entretanto, las relaciones comerciales y económicas se desenvuelven dentro de la práctica y la arquitectura institucional existente que, con debilidades y dudas sobre su futuro, mantiene aún una vigencia acotada. A pesar del cambio de escenario, la economía global fue resiliente a los shocks de política y describió una trayectoria de crecimiento (3,3 %), con datos positivos tanto en las economías avanzadas como emergentes. Con ciertos riesgos, similar pronóstico aplica a 2026 (Fondo Monetario Internacional [FMI], 2026a).

En el contexto de este cambio abrupto del contexto internacional, Argentina asiste a un proceso de estabilización con anclaje cambiario y apertura económica, iniciado a fines de 2023. La economía argentina ha recorrido un camino similar en ocasiones del pasado: la segunda mitad de los años 70, la década de los 90 con el régimen de convertibilidad y las políticas de 2016/17 son las experiencias más cercanas. Más allá de las particularidades históricas de cada caso, la característica singular del fenómeno actual es la sincronía de mutaciones: cambios estructurales en el plano internacional coinciden con un nuevo paquete de políticas y reformas fronteras adentro. Este doble proceso está teniendo impacto en la inserción internacional de Argentina. El propósito de esta nota es identificar estos factores y señalar su incidencia sobre las cuentas externas. La tarea se limita aquí a una exploración inicial que puede servir de orientaciones para futuras investigaciones sobre el tema.  

Por detrás de la indagación de este nuevo panorama subyace una lectura. En el pasado, la situación del sector externo de Argentina estaba mayormente determinada por factores internos: principalmente el contexto macroeconómico y, dependiendo de ese diseño, los incentivos para la inversión en bienes y servicios transables (Carciofi, 2025). El marco externo era, a los efectos prácticos del análisis, mayormente estático. El punto central de lo que sigue es que, precisamente, hay que modificar esa perspectiva: las transformaciones que están operando a nivel global sumadas a las políticas internas están induciendo impactos de más largo plazo en la inserción internacional de Argentina. Tal como se señala en la discusión que sigue, estos cambios revisten cierta entidad y, en tal sentido, resultarían diferentes de lo ocurrido en el pasado.   

Corresponde una aclaración previa acerca del enfoque que adopta el trabajo. Si bien el desarrollo de cada tópico está referido al plano económico y comercial, los aspectos geopolíticos sobrevuelan la caracterización de estos, aunque el análisis no ingresa en ese terreno. Esta advertencia no solo es válida como limitación del trabajo, sino, además, por el grado de incertidumbre que todavía pesa sobre el sentido y volatilidad de los escenarios que se insinúan aquí. Dado que el propósito principal es, como se adelantó, la identificación de estos nuevos fenómenos, el criterio ha sido ceñirse primero a los que son mayormente exógenos para luego pasar revista a aquellos donde interactúan ambos planos, externo e interno. En cada caso, se destaca cuál sería su incidencia (el signo positivo o negativo del impacto) sobre las cuentas externas.

 

  1. El marco externo
    1. Disrupción e incertidumbre de la política comercial sin guerra arancelaria

El escenario internacional que se gestó a partir del inicio del segundo mandato presidencial de D. Trump en el terreno geopolítico y comercial ha sido muy disruptivo. No tuvo, sin embargo, consecuencias económicas en el plano económico global ni tampoco para Argentina. Los pronósticos económicos que se hacían hacia fines de 2024 y que tomaban en cuenta las declaraciones de campaña que había hecho Trump señalaban un panorama sombrío. Esa era la inferencia que se desprendía del menú de políticas que se anunciaban y los impactos que podrían provocar: los aranceles y la inflación; las probables respuestas de los socios, que llevarían a una guerra arancelaria; el aumento de la tasa de interés para contener presiones inflacionarias, con el riesgo de recesión; las deportaciones masivas, que complicarían en grado extremo el mercado de trabajo, entre otras. En conjunto, se estimaba que el crecimiento económico global podría verse recortado a casi la mitad (alrededor de 1,5 p. p.) respecto de los pronósticos previos, tal como se muestra en el siguiente gráfico.  

Gráfico 1

 

Fuente: Gourinchas (2024).

Las proyecciones más sombrías no se cumplieron. La incertidumbre enorme de la política comercial convivió con una economía global en crecimiento (Georgieva, 2025.) Los anuncios arancelarios iniciales (Liberation Day, 2 de abril de 2025) tuvieron un impacto inmediato en los mercados financieros y en la cotización de los bonos del Tesoro, pero el curso de la política fue revisado y corregido con rapidez. Los aranceles finalmente aplicados resultaron sustancialmente más bajos que los anunciados. No obstante, la decisión significa un cambio de época: EE. UU. revirtió en pocos meses una trayectoria de casi un siglo de liberalización comercial y baja de aranceles. A comienzos de 2026, la alícuota efectiva alcanzó 16,9 %, la más alta desde 1935, y en claro contraste con la tasa del 2,5 % correspondiente promedio de los últimos años (The Budget Lab, 2026).[2] La mayoría de los socios comerciales aceptaron los aranceles recíprocos propuestos por EE. UU. y varios de ellos, incluida también Argentina, se avinieron a firmar convenios bilaterales.[3] La excepción fue China, que respondió también con aranceles y prohibiciones a las exportaciones, principalmente de tierras raras.

La aplicación de aranceles inferiores a los anunciados permitió reducir el impacto sobre los precios. En la misma línea pueden anotarse las excepciones y eliminación de ítems de las listas iniciales, cuyo propósito fue atenuar el impacto en la canasta de consumo o no interferir con el abastecimiento regular. Los vaivenes de las medidas arancelarias produjeron, no obstante, dudas sobre cómo impactarían sobre la tasa de inflación. Durante un período de casi 9 meses, la Reserva Federal (FED) adoptó una postura de cautela manteniendo sin modificaciones la tasa de interés, lo cual mereció fuertes críticas del Gobierno a la autoridad monetaria. Recién en setiembre se aplicó la primera reducción de 25 p. b. de la tasa, a la que le siguieron dos recortes más en el año. El escenario que se insinuaba a comienzos de 2026 no presentaba mayores incógnitas sobre los aranceles. Sin embargo, la reciente medida de la Corte Suprema de EE. UU. en contra de la aplicación de los aranceles de emergencia vuelve a colocar en escena la incertidumbre de la política comercial. Se han encontrado soluciones transitorias que no despejan el horizonte.[4] La trayectoria hasta aquí ha mostrado escaso impacto de los aranceles sobre la tasa de inflación, aunque todavía no se ha alcanzado la meta de la FED.

La síntesis de lo anterior con relación al foco de interés de esta nota es que la trayectoria de 2025 ha sido más benigna de la inicialmente prevista, pese al tembladeral de tensiones y de marchas y contramarchas en el frente comercial. Este contexto —ausencia de una guerra arancelaria, limitados impactos en la inflación estadounidense y tasas de interés en moderado descenso— conformó, a la postre, un mejor panorama para Argentina que el que se podía proyectar entre enero y abril de 2025. Esas condiciones continuarían en 2026.

 

    1. La caída del dólar y el aumento de los metales

El valor internacional del dólar se ha debilitado 10 % en los últimos 14 meses.[5] Esto ha sido el resultado de múltiples factores, entre otros, la incertidumbre de la política comercial, el uso abiertamente geopolítico de los aranceles, la confrontación abierta de Trump con la FED y las dudas sobre la independencia del organismo monetario. La percepción de un mayor riesgo sobre el entorno de política económica estadounidense movilizó a los inversores a la búsqueda de reservas de valor. Los metales fueron el refugio elegido: las cotizaciones del oro y la plata alcanzaron valores récord. Los impulsos llegaron también al cobre, aunque en este caso la demanda ha estado motorizada no solo por motivos de especulación financiera, sino también por la necesidad de una mayor electrificación asociada a las inversiones en centros de datos dedicados a inteligencia artificial (IA). En conjunto, estos movimientos describieron lo que ha dado en llamarse el debasement trade que, tecnicismos aparte, significa una mayor desconfianza respecto del dólar y, en general, de los activos estadounidenses (Krugman, 2026). Hacia el cierre de enero de 2026, el anuncio de la nueva conducción de la FED hizo ceder el precio de los metales. A pesar de este mejor panorama de corto plazo, subyacen las dudas de cómo se habrá de comportar la política monetaria futura. Los mercados descuentan por ahora que, en caso de un sesgo, será en el sentido descendente. 

Lo ocurrido hasta aquí ha sido una buena noticia para los precios de las commodities argentinas (y los términos del intercambio), especialmente si se lo contrasta con la situación contrafactual que habría resultado en caso de una escalada arancelaria, inflación y alzas de las tasas de interés. Es previsible mantener el mismo escenario para 2026, en cuyo caso también tendrá un impacto favorable en el costo del financiamiento externo. Esta situación es la que explica en parte la reciente colocación de deuda soberana por parte de Ecuador después de permanecer 7 años fuera del mercado, cuyos bonos cotizan con una prima de riesgo similar a la Argentina.

 

    1. Perspectivas del crecimiento global

Tal como se señaló al inicio, a pesar de las disrupciones de la política comercial y diferentes tensiones geopolíticas, el crecimiento global de 2025 fue del 3,3 %, un registro igual al año previo, que había transitado con mayor normalidad. Es ilustrativo señalar que los pronósticos del FMI se fueron corrigiendo de manera ascendente a lo largo del año: se sumaron 40 p. b. a las perspectivas que arrojaban las proyecciones iniciales, especialmente por las graduales mejoras de las economías de EE. UU. y China. Se prevé un panorama de crecimiento global similar para 2026 (ver el cuadro del anexo I). La trayectoria recorrida hasta el momento pone de manifiesto una singular capacidad de adaptación de la economía real frente a los shocks y definiciones de política que resultaron de difícil anticipación.

Asimismo, en 2025 se ha registrado un aumento explosivo de la inversión en los sectores de tecnología asociado a desarrollos de la IA. El fenómeno revela las expectativas de aumentos de la productividad que iría asociada a la penetración de la IA en diferentes sectores y actividades productivas. Por otro lado, también se advierte sobre los riesgos de una burbuja de valuación de activos que, en caso de materializarse, podría desencadenar enormes pérdidas de riqueza, lo que, a su turno, se trasladaría a la caída del consumo y la producción (Gopinath, 2025.)

El contexto de crecimiento de 2025 ha sido favorable para Argentina, pese a las turbulencias. Los escenarios más críticos no se materializaron. En 2026 podría desenvolverse bajo un cuadro similar, del 3,3 % global (4,0 % para Argentina), según la última proyección del Fondo (FMI, 2026a).[6] No obstante, existe el riesgo de los excesos de inversión en el sector tecnológico, y esto introduce una nota de cautela sobre la cual es muy difícil, con los elementos conocidos, asignar una probabilidad. En todo caso, este parece ser el frente que, desde el punto de vista externo, puede condicionar el desempeño de la economía argentina.

    1. EE. UU. y la Estrategia de Seguridad Nacional (ESN)

La ESN publicada en noviembre pasado es un documento que tiene especial trascendencia para el contexto económico de Argentina. Los debates y análisis acerca del contenido han ocupado extensos espacios en la prensa, círculos de opinión y, por cierto, también de la academia (Haas, 2025; Anderson et al., 2025; Laporte y Schenoni, 2026). Para los propósitos que interesan aquí, es suficiente con destacar tres aspectos principales del porqué de la relevancia de la ESN 2025.

En primer lugar, porque articula de manera consistente el planteo de política internacional y del lugar que ocupa EE. UU. en ese damero. En segundo lugar, porque permite ubicar las decisiones de política comercial como herramienta de reindustrialización y defensa del país, en el contexto del marco más amplio de la relación política con el resto de los socios comerciales.

En tercer lugar, y más relevante para el caso argentino, porque el documento consagra una prioridad de mayor orden al hemisferio occidental (Schenoni, 2025). Es una revalorización y actualización de la doctrina Monroe —rebautizada como “doctrina Donroe” a partir de este documento— y cuyo contenido sintetiza con claridad la siguiente frase: “Después de años de negligencia, los Estados Unidos reafirmarán y harán cumplir la doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental” (The White House, 2025, p. 15) De esta manera, la ESN no solo permite comprender la lógica con la que ha venido decidiendo la administración en distintas materias de política internacional, sino que, en particular, permite entender las decisiones de política respecto de América Latina. En ese marco puede explicarse el salvataje financiero a la Argentina y el interés por inversiones en sectores estratégicos —tal es el caso de la minería o la infraestructura—, al tiempo que define premisas para limitar la acción de China en terrenos de crítica importancia para la seguridad hemisférica. De esta manera, el alineamiento prematuro del Gobierno argentino con la administración Trump 2.0 le devengó réditos en plazos muy cortos. Por otro lado, cabe señalar el impacto que podrían tener las elecciones de medio término sobre este vínculo estrecho. Los mercados son particularmente proclives a este tipo de lecturas y los resultados electorales estadounidenses serán interpretados también por su probable repercusión en Argentina.

 

  1. Contexto externo y políticas internas
    1. Apoyo extraordinario del Tesoro estadounidense: los dividendos del alineamiento irrestricto

Argentina ha accedido a un apoyo extraordinario del Tesoro estadounidense en 2025 (Bessent, 2025; Congressional Research Service, 2025). Esta acción singular del Gobierno estadounidense le permitió a la administración Milei superar un error de política: la ausencia de acumulación de reservas que estaba prevista en el acuerdo con el FMI firmado en abril. El Gobierno recibió el respaldo financiero en el momento más crítico, dada la extrema inestabilidad provocada por el resultado de las elecciones en la provincia de Buenos Aires y los riesgos que percibían los mercados respecto de cómo se trasladaría esta situación al nivel nacional, en las elecciones parlamentarias del siguiente mes de octubre. 

La intervención fue exitosa tanto en el plano cambiario y financiero como en el terreno político. El resultado electoral (el oficialismo obtuvo el 40,7 % de los votos) dio lugar a la formación de un congreso donde el Gobierno posee la primera minoría en diputados, al tiempo que el peronismo perdió el control del Senado por primera vez desde el retorno de la democracia en 1983.

Desde la perspectiva económica, el resultado electoral redujo la incertidumbre política en el corto plazo y fortaleció la capacidad del Poder Ejecutivo para avanzar con su agenda de reformas. Sin embargo, la consolidación política planteó un desafío adicional: transformar el capital electoral en capacidad efectiva de implementación, en un contexto social marcado por la necesidad de consolidar la estabilización, la apertura comercial y una economía real que aún muestra señales de debilidad, tal como se analiza posteriormente.

El apoyo del Tesoro ha sido, entonces, una poderosa señal para los mercados que, en cierta forma, ha relegado a un segundo plano el papel del FMI. El Gobierno ha demostrado que posee un dispositivo inusual al que puede recurrir en caso de emergencia. Asimismo, pudo demostrar con hechos que el temprano alineamiento irrestricto con EE. UU. tuvo un dividendo, quizás inesperado, pero efectivo. Favorecido por el contexto económico y financiero externo, existe una alta probabilidad de que el Gobierno acceda a los mercados voluntarios de deuda en este año, 2026. En el futuro, si el programa económico transcurriese dentro de los parámetros acordados por el FMI, es previsible que no sea necesario repetir ese auxilio de la Tesorería. Sin embargo, lo relevante desde la perspectiva de los mercados es la comprobación de un nexo especial de acceso al prestamista de última instancia. Este ha sido un dato clave para interpretar el cuadro económico de 2025. Este vínculo en el plano financiero se vio reforzado posteriormente por el entendimiento en materia comercial con EE. UU. que se comenta a continuación.

 

    1. La reacción de los complejos exportadores

En 2025 maduraron los impactos de las políticas adoptadas por el Gobierno desde el inicio de su gestión para impulsar las exportaciones. Estas decisiones fueron plasmadas en el DNU 70/2023 y en la Ley de Bases.[7] En cuanto a la agroindustria, se eliminaron restricciones cuantitativas a la exportación y se fueron adoptando reducciones graduales de los derechos de exportación, lo que indica que la meta final es la eliminación de estos. En materia energética, se abandonó el concepto de abastecimiento del mercado local, otorgando a los productores la libre disponibilidad del crudo y la producción de gas. En minería, se dieron señales del interés del Gobierno de atraer inversiones en el sector. Los cimbronazos geopolíticos también operaron favorablemente para ubicar a Argentina en el mapa de los minerales críticos y el desarrollo de cadenas seguras de aprovisionamiento.[8] El proyecto de Ley Nacional de Glaciares a consideración del Congreso apunta en la misma dirección y se presume que podría aumentar el interés de los inversores en nuevos proyectos, especialmente de cobre, una reserva metalífera por ahora mayormente inexplotada.

Estas decisiones sectoriales se complementan con el régimen promocional para grandes inversiones (RIGI) aprobado en 2024 (Carciofi, 2024). El esquema concede importantes ventajas —impositivas, cambiarias y de seguridad jurídica—, que vienen operando como catalizador de proyectos especialmente en el área energética y minera.[9]

En el campo de los servicios, la disminución considerable de los controles cambiarios provee una señal de largo plazo que es importante para un sector que tiene potencialidad de crecimiento, especialmente en lo que está asociado a informática, desarrollo de conocimiento e industrias creativas.[10]

La suma de instrumentos ha permitido aumentar un 10 % el quantum exportado en 2025. Comienza a insinuarse una trayectoria de crecimiento real de exportaciones, que contrasta con el estancamiento que dominó la escena en la última década y media. Las novedades más recientes están centradas en el sector minero que, según estimaciones privadas, podría triplicar el valor exportado en los próximos 4 años, y también en energía. En cuanto a este último, en 2025 la balanza energética resultó positiva en USD 6600 millones y las exportaciones (petróleo y gas) podrían triplicarse de aquí al año 2030.

La descripción anterior anticipa una respuesta favorable de los complejos exportadores de commodities, a la que se sumarían ciertos servicios. Las políticas adoptadas y el contexto apuntan en esa dirección y, de mantenerse esta trayectoria, Argentina daría un salto exportador. El ángulo débil es que, según se discute más adelante, la transformación productiva ofrece escaso margen para hacer progresos en materia de exportaciones de productos diferenciados (Carciofi, 2024): el complejo automotriz, la actividad más destacada dentro de ese conjunto, registró una caída del 10,8 % de sus ventas externas en 2025 (Asociación de Fábricas de Automotores, 2025). Las inversiones que ha hecho Brasil en este sector, al que se ha sumado la radicación de terminales chinas, sugieren que no se trata de un fenómeno coyuntural. Conceptualmente, esta cuestión se inscribe en un tema más amplio, que es el de la viabilidad y los límites del crecimiento apoyado en recursos naturales y, eventualmente, cuáles serían las políticas complementarias para una mayor diversificación de la estructura productiva hacia bienes diferenciados y servicios transables (Hallak y López, 2026).[11]

    1. China: las líneas rojas no afectan (por ahora) al frente comercial

Por el momento, y más allá de las tensiones geopolíticas y las definiciones de EE. UU. en su ESN sobre el papel que ocupan las Américas en la seguridad hemisférica, Argentina ha podido preservar la relación comercial con China. Tampoco se ha visto afectado su acceso a ese mercado.[12] Aparece entonces un itinerario que sería posible transitar, al menos por ahora, entre el terreno comercial y las líneas rojas que ha definido EE. UU.: minerales críticos, infraestructura, seguridad y defensa.[13] El Gobierno argentino intenta poner a buen resguardo la distinción entre uno y otro plano, aunque hasta el momento no se conoce cómo procesará China estas decisiones.

En el corto plazo, y siempre dentro de la esfera comercial, la dificultad con China proviene de otro lado: el enorme superávit externo que está buscando canalizarse hacia mercados donde tenga capacidad de penetración. A pesar de los reclamos —incluyendo el reciente informe del FMI—, es improbable que China modifique el modelo de crecimiento apoyado en las exportaciones.[14] Este es un problema para todos los socios comerciales, y Argentina es uno de ellos.

Por ahora, el abastecimiento importador que representa China es funcional a los objetivos del Gobierno. Desde 2024 y con mayor fuerza en 2025, Argentina viene llevando a cabo un profundo proceso de apertura. Este viene operando principalmente a través de los mecanismos no arancelarios, de administración de comercio y de desmantelamiento de los controles de pagos de importaciones. El proceso de apertura ha sido capitalizado principalmente por dos países: Brasil y China. Ha sido China el que más ha aumentado la porción de mercado; esto se extiende a todo el espectro del menú importado: bienes de capital, insumos y artículos de consumo, incluyendo las compras por plataforma.[15] En 2025 las importaciones provenientes de China crecieron un 54,9 % respecto a 2024, una tasa que más que duplica la evolución de las importaciones totales de ese período. El Gobierno ha elegido no confrontar y ha renunciado a poner en práctica mecanismos de defensa comercial.

 

Gráfico 2

[MR1] 

Fuente: Instituto Nacional de Estadística y Censos [INDEC] (2026a). Exportaciones, importaciones y saldo de la balanza comercial por continentes y países.

 

    1. Los acuerdos comerciales: Unión Europea y EE. UU.

En el terreno de la política comercial (un frente que, con excepción de los pasos de avance hacia el acuerdo con Europa, no registraba novedades de importancia en mucho tiempo), el año 2025 se caracterizó por dos importantes decisiones: se firmó el acuerdo con la Unión Europea y se cerró el arreglo bilateral con EE. UU.

En el caso de la UE, los efectos serán por ahora limitados en razón de que el Parlamento decidió enviar el tratado con el MERCOSUR a consideración del Tribunal de Justicia de la Unión. Esto significa una considerable dilación y es imposible adelantar cuál será el escenario político en el parlamento europeo cuando el tratado ingrese a consideración de los legisladores. A comienzos de 2026, la opinión predominante en los medios y en los analistas era que la aprobación por parte de la CE y del Consejo Europeo conduciría a la firma del tratado. Una consideración no menor era que la situación tenía como telón de fondo la tensión geopolítica por Groenlandia. Sin embargo, los pronósticos fueron equivocados. Ni siquiera ese cuadro de tensión fue suficiente para obtener los consensos del caso: la minoría de bloqueo ha sido exitosa en su postura y por un buen tiempo el acuerdo entra en un compás de espera.[16]

Frente a lo acontecido del lado europeo, el foco de atención se centra sobre el MERCOSUR. Una posibilidad es que la agenda externa sea puesta en pausa aguardando los pasos que habrán de darse del otro lado del Atlántico. Sin embargo, hay otra opción, en las antípodas de la anterior, que significa avanzar con las negociaciones que están en curso tratando de cerrar acuerdos. Desde el punto de vista económico y comercial, este parecería ser el curso natural, dado que existen coincidencias dentro del bloque sobre la necesidad de una mayor apertura (Carciofi, 2026). Brasil, aún bajo la administración de Lula, que había mantenido una postura menos favorable al comercio, trabajó en esta dirección para lograr el acuerdo con Europa.[17] Esto pone de manifiesto la necesidad de diversificar el comercio y, sobre todo, disminuir la importancia relativa de China en la cuenta de exportaciones. Si esto es así, el MERCOSUR está en condiciones de hacer progresos en los mecanismos del comercio intrazona y preparar el terreno para una vinculación más profunda con terceros mercados. En cierta forma, los distintos capítulos del acuerdo con Europa pueden ser interpretados como un manual de tareas para implementar. En síntesis, la dilación de la puesta en marcha del tratado MERCOSUR-UE no es un obstáculo, en la medida en que haya acuerdo del bloque de avanzar por ese camino. Tal convergencia tiene ahora condiciones para materializarse porque las políticas de los países van en esa dirección, a pesar de las diferencias de estrategias geopolíticas que separan a las mayores economías del bloque.

En el caso de EE. UU., la aprobación del acuerdo en febrero de 2026 —el marco inicial se había negociado en noviembre de 2025— abre un capítulo relevante tanto en materia de política exterior como en el plano comercial y económico. Desde una mirada más amplia, el entendimiento alcanzado con la administración estadounidense es una derivación natural de la alineación plena con EE. UU. que mantuvo el Gobierno argentino desde sus inicios. Más aún, el primer paso en dirección a alcanzar un “acuerdo de libre comercio” provino de Argentina, tan pronto EE. UU. anunció en febrero 2025 la propuesta de aranceles recíprocos.[18] En tal sentido, el acuerdo, tanto en su orientación general como el menú de contenidos, no constituye una novedad: confluyen, de un lado, el interés del Gobierno y, del otro lado, la geopolítica hacia las Américas que trazó EE. UU. y cuya formulación explícita es la ESN, tal como se explicó anteriormente.

El acuerdo recorre cuatro capítulos principales (United States Trade Representative, 2026): arancelarios y comerciales, regulatorios —dentro de los cuales se encuentran temas como estándares laborales y propiedad intelectual, entre otros—, servicios digitales y de seguridad económica, donde Argentina se compromete a actuar juntamente con EE. UU.[19] La evaluación de los alcances del acuerdo excede al propósito y límites de este artículo, pero sí cabe una breve referencia acerca de sus implicaciones más generales. Si bien en la introducción, el texto se presenta como una actualización del tratado de inversiones y comercio ya existente (TIFA, por sus siglas en inglés),[20] los contenidos van más allá de una simple revisión. En materia comercial, el mayor beneficio de Argentina es la ampliación significativa de la cuota de carnes y la promesa de reducción de los aranceles extraordinarios al acero y aluminio.[21] EE. UU., en cambio, obtiene ventajas para ciertos productos que ingresarán bajo el sistema de cuotas: autos, lácteos y carne aviar, por ejemplo. El núcleo del acuerdo se concentra en compromisos regulatorios asumidos por Argentina. En materia de seguridad económica, el acuerdo implica un encuadre explícito de Argentina con la arquitectura estratégica estadounidense.

A pesar de estas asimetrías, que podían anticiparse de partida, el Gobierno decidió entablar y concluir las negociaciones.[22] Si el acuerdo es aprobado por el Congreso, los compromisos serán firmes y constituirán la plataforma del relacionamiento bilateral para el futuro. Se comprende la funcionalidad del acuerdo para el actual Gobierno de Argentina. Sin embargo, desde el punto de vista de los intereses permanentes del país, el entendimiento cristaliza a largo plazo un vínculo asimétrico que será difícil de revertir en el futuro. Queda por responder la pregunta contrafactual de si Argentina podría haber mantenido el statu quo con el TIFA existente o una revisión de este con menores compromisos y obligaciones que los incluidos en este acuerdo.[23]

 

  1. La transformación en curso
    1. Hacia una cuenta corriente en equilibrio

Hasta aquí se han analizado de manera cualitativa una serie de factores que influyen sobre las cuentas externas, especialmente aquellas que hacen a la cuenta corriente del balance de pagos. Corresponde indagar cuál sería el reflejo cuantitativo de ese inventario. Un camino para simplificar un ejercicio que es complejo, dado que involucra al conjunto de variables macroeconómicas, consiste en explorar los números con los cuales trabaja el Gobierno y que resultan públicos. La síntesis más apropiada para la tarea es la proyección que está contemplada en el acuerdo de facilidades extendidas con el FMI firmado en abril y revisado en julio de 2025.

Como se observa en el siguiente gráfico, a partir del año actual se expanden las exportaciones de bienes (tasas del 6 % anual), que permiten la obtención de un balance comercial superavitario de bienes y que más que compensa el déficit de la cuenta de servicios. Ese margen es el que permite atender los intereses de la deuda. Hacia el final del período, la cuenta corriente resulta equilibrada (ver el cuadro del anexo II).

 

Gráfico 3

Fuente: elaboración propia con base en datos del INDEC (2026 b) y proyecciones del FMI (FMI, 2025).

Una interpretación posible de esta proyección es que el programa con el FMI conduce al equilibrio de la cuenta corriente en el año 2030. Esta lectura exige cautela. El balance corriente externo es un resultado del equilibrio general de la economía y son muchos los factores que afectan la trayectoria que resume la proyección. En todo caso, la utilidad del ejercicio es doble y reside en otros aspectos. Por un lado, queda claro que las políticas previstas en el programa apuntan en la dirección indicada. La eliminación del déficit de cuenta corriente es un objetivo del programa que, dadas las características de la economía argentina, depende en gran medida de los resultados fiscales. Por otro lado, e igualmente importante para los propósitos de este análisis, la proyección de exportaciones parece estar en línea con los distintos fenómenos y políticas que se han analizado en las páginas anteriores. Es en este sentido que la inserción internacional de Argentina podría ser diferente en la medida que tendría por detrás un dinamismo exportador ausente en el pasado. En otras palabras, gradualmente y con la contribución de variables externas e internas, se está consolidando un nuevo modelo productivo.

 

    1. Estabilización con anclaje cambiario y apertura

Tal como se ha explicado hasta aquí, un conjunto de cambios en la economía internacional y las políticas internas están produciendo una nueva inserción internacional de la economía argentina. El título general del fenómeno en marcha es un proceso de estabilización con anclaje cambiario y apertura. Como se apuntó anteriormente, Argentina atravesó por experiencias similares en el pasado. El síndrome de este cuadro es conocido: lenta desinflación, apreciación del peso, destrucción neta del empleo formal y, a la postre, aumento del déficit de la cuenta corriente con estación terminal en una crisis cambiaria.

Sin embargo, hay tres importantes diferencias con el pasado. En primer lugar, la convicción del Gobierno en el manejo de la política fiscal y su apoyo en una regla implícita, al menos como objetivo, de déficit cero. En segundo lugar, la respuesta que está obteniendo por el lado de la inversión en bienes y servicios exportables. En tercer término, y estrechamente asociado a lo anterior, cierta reconfiguración de la demanda externa que, en última instancia, hace más atractivos y rentables los proyectos destinados a la exportación de commodities.

El Gobierno ha interpretado esas señales del contexto internacional, y el curso general de sus políticas se encamina en esa dirección. Al igual que en las situaciones previas, esto exige enfrentar los riesgos conocidos de este tipo de experiencias. Existe, no obstante, una alta probabilidad de que el Gobierno continúe sin pausa el proceso de apertura, en particular porque habría menos presiones del lado del balance cambiario. En esta ocasión, parecería estar quedando atrás el talón de Aquiles que con más frecuencia disparó la reversión de políticas: la falta de dólares. Tampoco es obvio que una hipotética crisis externa derivará en un retorno a situaciones del pasado. Son muchos y de considerable peso los cambios en la estructura productiva y en el frente fiscal que hacen difícil repetir la historia.

Se presenta, sin embargo, un frente de tensión en otro terreno: el impacto de la apertura sobre la producción y el empleo. Las políticas oficiales al respecto están definidas con claridad. Se han desmontado los mecanismos de administración del comercio exterior, se hace un uso mínimo y casi nulo de instrumentos de defensa comercial, se ha liberalizado el flujo de pagos al exterior y se adoptaron regulaciones y estándares que aumentan el flujo de abastecimiento externo. Frente a las objeciones y reclamos que arrojan estos resultados, la respuesta oficial señala las ventajas de la economía abierta al comercio. Los argumentos, sin embargo, no van mucho más allá de la lección estándar de libros de texto (Sturzenegger, 2026). En la visión oficial, y contra toda evidencia, los ajustes operan con sorprendente rapidez y los mercados de bienes y trabajo encuentran rápidamente un nuevo equilibrio. Más aún, este planteo del Gobierno alude a un mundo donde todos aplican las reglas del comercio justo propio del orden multilateral, una representación que poco tiene que ver con la realidad actual.[24]

En este nuevo contexto, la mayor parte de la industria manufacturera se encuentra bajo presión. Hay sectores, como el textil, con una pérdida de casi el 10 % de los puestos de trabajo. O el caso automotriz, cuya producción tuvo un descenso interanual de 10,8 % (Asociación de Fábricas de Automotores, 2025) y se encuentra bajo creciente competencia externa. Hay evidencias de que este tipo de impactos alcanza a una parte importante de la estructura productiva orientada al mercado interno (Rapetti, Sigaut Gravina y Vernelli, 2026). Los datos del cuadro siguiente ilustran un avance rápido del proceso de apertura y su impacto en la producción y ocupación, especialmente en las actividades industriales intensivas en mano de obra.

Cuadro 1

 

Costos, precios, producción industrial y ocupación por sectores, % interanual 2025

Sector

Costos, USD

Precios mayoristas, USD

Producción industrial

Puestos de trabajo*

Industria

−3,6

−9,5

1,6

−1,3

Intensivos en RR. NN.

−0,6

−7,7

2,2

−0,4

Intensivos en mano de obra

−6,3

−24,1

−11,9

−2,9

Intensivos en insumos industriales

−5,9

−7,5

−3,2

−2,3

Intensivos en ingeniería

−2,8

−17,6

−9,7

−0,3

Nota: *primer semestre.

Fuente: Sistémica (2026).

 

Si bien es una cuestión que debe ser investigada en profundidad, se pueden adelantar preliminarmente tres elementos que actúan como aceleradores del proceso. La situación previa, especialmente la que predominó en el período 2020-2023, fue de una economía muy cerrada, con obstáculos administrativos, impositivos y financieros, que trabaron el comercio exterior. Es entendible, por tanto, cierto grado de sobrerreacción al nuevo escenario. Asimismo, las medidas del Gobierno fueron efectivas y con la velocidad suficiente para consolidar el objetivo de la apertura. En tercer lugar, por distintos canales, la situación internacional ha derivado en un fortalecimiento de la capacidad exportadora de China. Sus excedentes de producción se están canalizando hacia otros mercados y Argentina no es la excepción. Esta situación no ofrece perspectivas de modificaciones a corto plazo.  

No son sorprendentes, entonces, los efectos que se están observando en el mercado de trabajo formal, tal como lo refleja este gráfico. Precisamente, uno de los argumentos utilizados para defender la reforma laboral en curso es que el mercado de trabajo ha venido operando un proceso de ajuste a través del trabajo no registrado y formas independientes de contratación (Argentina en Datos, 2026.) Obviamente, esto no ha sido suficiente para saldar un debate complejo y los ecos de la reforma seguirán más allá de la sanción legislativa. Puede afirmarse, sin embargo, que la creación neta de empleo en los próximos meses estará estrechamente asociada a la marcha general de la economía y a las características que asuma el proceso de apertura, antes que a la regulación laboral. 

Gráfico 4

 

A modo de conclusión

El argumento central de este trabajo es que la suma de factores externos y de políticas internas está provocando cambios de importancia en la inserción internacional de Argentina. La economía asiste a un dinamismo exportador en diversos sectores que tiene proyecciones a mediano plazo y que, según se gestionen otras políticas, permitiría alcanzar una cuenta corriente equilibrada hacia fines de la década.

En un plazo más corto, el Gobierno está decidido a impulsar su programa de estabilización con anclaje cambiario y apertura. Hay numerosos desafíos en el camino. De un lado y, si bien el contexto se ha mostrado resiliente, también exhibe vulnerabilidades e incertidumbres, incluyendo los resultados que podrían arrojar las elecciones de medio término en EE. UU. De otro lado, se ubica el frente interno: ha habido progresos con la reducción de la inflación, pero la estabilización es un objetivo que todavía se encuentra lejos; el esquema cambiario no está resuelto satisfactoriamente y la apreciación del peso está siempre bajo observación. En parte por elección del Gobierno y en parte por la fluida oferta externa, la apertura se profundiza conforme se mantiene el esquema de política.

De no ocurrir otros cambios —y ese es un supuesto más que generoso—, la atención de la trayectoria económica estará puesta en la generación neta de empleo y el nivel de actividad. Es previsible que se produzcan fricciones, que exigirán al Gobierno administrar el proceso. El año 2026 parece clave para observar cómo se gestiona la continuidad de esas políticas y, al mismo tiempo, cómo se va reconfigurando la estructura productiva.

 

Cuadro Anexo I

Proyección del crecimiento mundial

Región/país

2025 (estimación)

2026 (proyección)

2027 (proyección)

Producción mundial

3,3

3,3

3,2

Economías avanzadas

1,7

1,8

1,7

Estados Unidos

2,1

2,4

2

Zona del euro

1,4

1,3

1,4

Alemania

0,2

1,1

1,5

Francia

0,8

1

1,2

Italia

0,5

0,7

0,7

España

2,9

2,3

1,9

Japón

1,1

0,7

0,6

Reino Unido

1,4

1,3

1,5

Canadá

1,6

1,6

1,9

Otras economías avanzadas

1,8

2

2,1

Economías emergentes y en desarrollo

4,4

4,2

4,1

Asia emergente y en desarrollo

5,4

5

4,8

China

5

4,5

4

India

7,3

6,4

6,4

Europa emergente y en desarrollo

2

2,3

2,4

Rusia

0,6

0,8

1

América Latina y el Caribe

2,4

2,2

2,7

Brasil

2,5

1,6

2,3

México

0,6

1,5

2,1

Medio Oriente y Asia Central

3,7

3,9

4

Arabia Saudita

4,3

4,5

3,6

África subsahariana

4,4

4,6

4,6

Nigeria

4,2

4,4

4,1

Sudáfrica

1,3

1,4

1,5

Economías emergentes de ingreso medio

4,3

4,1

4,1

Países de bajo ingreso

4,6

5,1

5,1