Comentarios estratégicos

Regionalización del poder y esferas de influencia en la competencia sino-estadounidense

Por Joaquín Campoy.

Regionalización del poder y esferas de influencia en la competencia sino-estadounidense

La regionalización del poder y las esferas de influencia en la competencia sino-estadounidense reflejan un regreso a dinámicas geopolíticas clásicas, donde las grandes potencias buscan consolidar zonas de primacía estratégica en un sistema internacional cada vez más fragmentado. Tras el fin de la Guerra Fría, el multilateralismo y la interdependencia económica parecieron relegar el concepto de esfera de influencia, pero hoy, con el declive del orden unipolar, tanto Estados Unidos como China —y también Rusia— actúan como “señores feudales” que delimitan áreas regionales para proyectar poder político, económico y militar, excluyendo a rivales. Este patrón es evidente en el Indo-Pacífico, donde la competencia entre Washington y Pekín se centra en el control de rutas marítimas críticas, como los estrechos de Malaca y Ormuz, por los que transita gran parte del comercio y la energía global. La dependencia china de estas rutas, conocida como el “dilema de Malaca”, expone su vulnerabilidad estratégica frente a una posible interrupción liderada por EE.UU. o sus aliados.
La estrategia estadounidense en la región no busca dominar por completo el Indo-Pacífico, sino evitar que China alcance hegemonía regional, lo que le permitiría proyectar su poder globalmente. Para ello, Washington fortalece alianzas militares con países como Japón, Corea del Sur, Australia y Filipinas, creando una red que funciona como un “cerco estratégico” alrededor de China. En contraste, Pekín carece de un sistema de alianzas formales comparable, lo que limita su capacidad de respuesta en crisis. El conflicto en Medio Oriente subrayó esta asimetría: mientras EE.UU. movilizó a sus aliados para operaciones defensivas y logísticas, China enfrentó dificultades para articular apoyos similares. Esto plantea un dilema para Pekín: si quiere competir con Washington, deberá reconsiderar su reticencia a establecer alianzas militares formales, ya que su actual aislamiento relativo podría ser una desventaja en un escenario de creciente rivalidad y posible confrontación.