Comentarios estratégicos

Hacia una autonomía estratégica regional: el rol central de la alianza Brasil-Argentina en minerales críticos, alianzas tecnológicas y la dimensión marítima del Atlántico Sur

Por Antoine Bachelin Sena.

Hacia una autonomía estratégica regional: el rol central de la alianza Brasil-Argentina en minerales críticos, alianzas tecnológicas y la dimensión marítima del Atlántico Sur

Del éxito histórico de la confianza mutua a las oportunidades del presente para el desarrollo conjunto y la soberanía sobre los recursos, incluyendo la Amazônia Azul y el potencial de los fondos marinos

Introducción

China ya no se limita a comprar litio argentino: avanza directamente en su extracción y procesamiento. Acuerdos como el de Contemporary Amperex Technology Co. Limited (CATL) con Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) en el salar del Hombre Muerto y la presencia consolidada de Ganfeng en varios proyectos de la puna muestran una estrategia de integración vertical (Li, Shapiro y Vecino, 2025). Brasil, por su parte, controla más del 90 % de la producción mundial de niobio, un insumo crítico para baterías, superaleaciones y tecnologías de defensa (Jovane et al., 2026). Esta complementariedad de recursos entre los dos países vecinos ya no es una posibilidad futura: es una realidad actual que, sin embargo, sigue sin traducirse en una estrategia industrial y soberanista compartida capaz de retener valor agregado y reducir dependencias externas.

La tesis central de este trabajo es que la histórica capacidad de Brasil y Argentina para construir mecanismos de confianza mutua —incluso en momentos de rivalidad o divergencia ideológica— constituye un activo invaluable que puede y debe extenderse al ámbito de los minerales críticos terrestres y marinos, así como a las alianzas tecnológicas. La Agencia Brasileño-Argentina de Contabilidad y Control de Materiales Nucleares (ABACC), creada en 1991, demostró que es posible institucionalizar la cooperación técnica más allá de los ciclos electorales (ABACC, 2024). Hoy, esa misma lógica resulta aplicable a los recursos del subsuelo y del fondo marino del Atlántico Sur, donde se juega parte importante de la soberanía económica y tecnológica de ambos países en las próximas décadas.

A pesar de las tensiones retóricas entre los presidentes Lula da Silva y Javier Milei, los intereses estructurales de largo plazo siguen alineados en varios frentes. El desafío radica en pasar de la retórica de la integración a mecanismos concretos que resistan los cambios de gobierno. Metodológicamente, este análisis emplea un enfoque de análisis institucional orientado a políticas, basado en el institucionalismo histórico y el estudio comparado de mecanismos de cooperación regional. Se evalúa la posibilidad de transferir los principios de diseño de la ABACC —aislamiento institucional de la volatilidad política, continuidad de élites técnicas, verificación simétrica y presencia de un interés vital compartido— a dominios caracterizados por rentas económicas competitivas más que por contención mutua de riesgos catastróficos (Russell y Tokatlian, 2013).

Para la Argentina, avanzar en esta dirección significa convertir una complementariedad de recursos que hoy beneficia principalmente a actores extrarregionales en una palanca de inserción internacional soberana y de desarrollo productivo de largo plazo.

1. Trayectoria histórica de la alianza Brasil-Argentina: del conflicto a la institucionalización de la confianza

Durante gran parte del siglo XX, las relaciones entre Brasil y Argentina estuvieron marcadas por la rivalidad, la hegemonía regional y sospechas mutuas en materia de seguridad. Sin embargo, el proceso de redemocratización en los años ochenta abrió espacio para un giro histórico. El hito fundamental fue la creación de la Agencia Brasileño-Argentina de Contabilidad y Control de Materiales Nucleares (ABACC) en 1991 mediante el Acuerdo de Guadalajara, completado en diciembre de ese año por el Acuerdo Cuatripartito entre Argentina, Brasil, la ABACC y la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) (ABACC, 2024). Este mecanismo de inspecciones mutuas y transparencia nuclear no solo desactivó una potencial carrera armamentista, sino que construyó confianza técnica entre las burocracias de ambos países, incluso cuando las relaciones políticas atravesaban dificultades.

Paralelamente, el Tratado de Asunción (1991) dio origen al Mercosur, transformando la relación de competencia en interdependencia económica. En los años siguientes, la coordinación en política exterior, la integración energética (Itaipú, Yacyretá) y los diálogos en defensa reforzaron una trama de vínculos que sobrevivió a crisis económicas y cambios de orientación ideológica. Este período ilustra que la convergencia ideológica facilita la integración profunda, pero no es condición indispensable para la cooperación funcional en áreas de interés estratégico compartido.

2. ¿Qué cambió? De la convergencia ideológica al pragmatismo divergente

El enfriamiento de la alianza en la última década responde a factores estructurales y coyunturales. Durante el gobierno de Jair Bolsonaro (2019-2022), la aproximación a Washington y la retórica anticomunista tensionaron la relación con la Argentina de Alberto Fernández, aunque el comercio bilateral se mantuvo robusto. La llegada de Javier Milei en diciembre de 2023 introdujo una nueva variable: una fuerte divergencia ideológica y personal con Lula da Silva. El presidente argentino ha priorizado alineamientos con Estados Unidos e Israel, mientras que Brasil mantiene una política exterior más multipolar y activa en BRICS (Guimarães, 1999).

Sin embargo, el pragmatismo ha prevalecido en áreas específicas. Argentina envió ayuda humanitaria significativa durante las inundaciones en Rio Grande do Sul en 2024, y ambos países coordinaron posiciones en foros como el G20 y el Mercosur. Estos gestos muestran que, por debajo de la retórica, persisten canales de diálogo y reconocimiento de intereses comunes. El riesgo real no es la ausencia de voluntad, sino la falta de institucionalización de la cooperación en los nuevos frentes estratégicos —minerales críticos y recursos marinos—, que podrían quedar librados a la lógica de inversiones unilaterales o acuerdos con terceros.

3. Marco conceptual: autonomía estratégica regional revisitada

La noción de autonomía estratégica regional que aquí se emplea pertenece a la tradición latinoamericana de pensamiento sobre autonomía periférica y relacional, adaptándola a las realidades geoeconómicas del siglo XXI (Jaguaribe, 1979; Puig, 1980; Russell y Tokatlian, 2002, 2013). Las formulaciones clásicas definían la autonomía como la capacidad de un Estado o grupo de Estados para negociar sus interdependencias con potencias centrales, diversificar sus asociaciones externas y preservar márgenes significativos de decisión independiente.

En el contexto actual, la naturaleza de la dependencia estructural ha cambiado. La dependencia del siglo XX se manifestaba principalmente a través de la exportación de materias primas y la importación de manufacturas y tecnología (Cardoso y Faletto, 1979; dos Santos, 1970); en cambio, el riesgo contemporáneo radica en la pérdida de control sobre los nodos estratégicos de las cadenas globales de valor: transformación industrial, refinación, dominio tecnológico y gobernanza de infraestructuras críticas. En minerales críticos, la cuestión ya no es meramente si se extrae litio o niobio, sino si una parte significativa de la refinación, el procesamiento y las aplicaciones tecnológicas downstream permanece en la región (Figueiredo y Sanchez Badin, 2026).

El alcance espacial de la autonomía se ha ampliado. Ya no se limita al territorio terrestre, sino que se extiende a la plataforma continental extendida y los recursos del fondo marino, así como a infraestructuras tecnológicas de uso dual —nuclear, espacial y constelaciones satelitales de órbita baja—. El concepto brasileño de Amazônia Azul ejemplifica esta extensión: designa el espacio marítimo bajo jurisdicción brasileña —un área superior a 4,5 millones de km²— como un dominio estratégico en sí mismo, rico en recursos vivos, energéticos y minerales.

En este contexto, la autonomía estratégica regional no implica autarquía ni rechazo de asociaciones extrarregionales. Denota, en cambio, la capacidad de un grupo de países para coordinar la regulación de sus interdependencias en sectores estratégicos, construir mecanismos de gobernanza colectiva capaces de resistir fluctuaciones políticas internas y negociar colectivamente con actores externos —China, Estados Unidos, Europa— para evitar una inserción fragmentada y asimétrica en las cadenas globales de valor.

Para la Argentina, esta agenda representa una oportunidad de pasar de proveedor de materias primas a socio estratégico en cadenas de valor regionales de alta tecnología, fortaleciendo simultáneamente su soberanía sobre recursos críticos y su margen de maniobra internacional.

4. Minerales críticos terrestres: complementariedad estructural y la urgencia de una visión soberanista

Argentina posee reservas significativas de litio —estimadas en torno a 22 millones de toneladas de carbonato de litio equivalente— y ha experimentado un crecimiento acelerado en la producción, con proyecciones que superan los 100-115 kt LCE para 2025 (Li, Shapiro y Vecino, 2025). Brasil, por su parte, domina el mercado mundial de niobio, con aproximadamente el 90-94 % de la oferta global a través de la Compañía Brasileña de Metalurgia y Minería (CBMM) en Araxá (Minas Gerais) (Jovane et al., 2026). Esta complementariedad es estructural: el litio argentino puede combinarse con el grafito, el níquel y las tierras raras brasileños para cadenas de baterías y materiales avanzados.

No obstante, la tendencia actual apunta en dirección contraria a la autonomía regional. China ha avanzado de forma agresiva en el litio argentino mediante inversiones y acuerdos de offtake. Al mismo tiempo, Brasil ha visto cómo China desplazaba parcialmente a sus socios tradicionales en importaciones de bienes de capital y autopartes. El resultado es una erosión silenciosa de la complementariedad bilateral.

Una visión soberanista exige revertir esa tendencia. No se trata de rechazar la inversión extranjera —necesaria para escalar la producción—, sino de condicionarla a transferencia tecnológica, procesamiento local y joint venture con empresas brasileñas y argentinas. El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) argentino, en vigor desde 2024, ha acelerado la llegada de inversión extranjera al ofrecer hasta treinta años de estabilidad fiscal, aduanera y cambiaria a proyectos superiores a USD 200 millones; para principios de 2026 se habían aprobado diez proyectos por más de USD 25 mil millones en inversión comprometida (Pampa Investment Advisory, 2026). En junio de 2026, la Cámara de Diputados argentina dio aprobación preliminar a un “Súper RIGI” orientado explícitamente a la industrialización —no solo extracción— de litio y uranio junto con baterías y otras tecnologías de frontera (El Economista, 2026). Esta es una oportunidad para alinear un mecanismo binacional con los incentivos de política industrial argentina.

5. La dimensión marítima: Amazônia Azul, la Elevação do Rio Grande y el potencial de cooperación en minerales del fondo marino

La frontera marítima añade una capa adicional de urgencia y oportunidad. Brasil ha desarrollado el concepto de Amazônia Azul para designar su extensa zona económica exclusiva y plataforma continental extendida en el Atlántico Sur, un espacio de más de 4,5 millones de km² rico en recursos (Marinha do Brasil, s. f.). En particular, la Elevação do Rio Grande, una elevación submarina a unos 1000-2000 metros de profundidad frente a las costas de Rio Grande do Sul, contiene costras de ferromanganeso ricas en cobalto (International Seabed Authority, s. f.) con concentraciones significativas de níquel, manganeso y tierras raras (Jovane et al., 2026). Estudios recientes confirman el potencial de estos depósitos, aunque la minería de fondos marinos plantea riesgos ambientales considerables (Carr-Wilson et al., 2024).

5.1. La experiencia japonesa como referencia cautelar

La experiencia de Japón ofrece una comparación instructiva y cautelar. A principios de 2026, la Agencia Japonesa de Ciencia y Tecnología Marítimo-Terrestre realizó la primera prueba sostenida de extracción de lodos con tierras raras desde una profundidad de aproximadamente 6000 metros, confirmando la viabilidad técnica, pero subrayando que la brecha entre viabilidad técnica y viabilidad comercial es amplia (Nakano, 2026; Jamasmie, 2025). La lección para Brasil y Argentina es clara: una estrategia del Atlántico Sur prematura basada en extracción inmediata sería imprudente. Una agenda más realista a corto plazo se centra en la caracterización científica conjunta, estudios de línea de base ambiental y posicionamiento coordinado dentro del proceso regulatorio de la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos (ISA).

Argentina, por su parte, impulsa la iniciativa Pampa Azul, orientada a la investigación y preservación de su margen continental en el Atlántico Sur. La coordinación entre Pampa Azul y Amazônia Azul, en el marco de la Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur (ZOPACAS), ofrece un espacio natural para la cooperación binacional en cartografía, monitoreo ambiental y eventual desarrollo de capacidades tecnológicas para la exploración sostenible (Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur, 2023).

6. Alianzas tecnológicas y complementariedades persistentes

La experiencia nuclear no fue un caso aislado. En los años ochenta y noventa también se avanzó en cooperación hidroeléctrica y en diálogos incipientes sobre defensa. Hoy las complementariedades persisten: Brasil cuenta con Embraer y ambiciones en submarinos; Argentina con Investigaciones Aplicadas (INVAP) y trayectoria en satélites y reactores. En espacio, la cooperación entre la Agencia Espacial Brasileña (AEB) y la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) puede extenderse a observación marítima y vigilancia de la plataforma continental.

Sin embargo, proyectos emblemáticos ilustran los desafíos: la misión SABIA-Mar, desarrollada conjuntamente por CONAE y AEB para monitorear la biosfera oceánica del Atlántico Sur, tiene su primer satélite proyectado para marzo de 2027, más de media década después de los plazos iniciales, con retrasos repetidos atribuibles en gran parte a prioridades presupuestarias y políticas cambiantes (Committee on Earth Observation Satellites, 2025; eoPortal, s. f.). Del mismo modo, el programa de reactores nucleares multipropósito RMB (Brasil) y RA-10 (Argentina) avanza de manera desigual; a diciembre de 2025, las autoridades nucleares aún negociaban los términos contractuales para la próxima fase de construcción del RMB (Comissão Nacional de Energia Nuclear, 2025). Estos ejemplos muestran que, incluso en áreas maduras de cooperación institucionalizada, el progreso es lento y vulnerable a la desincronización de ciclos políticos.

7. Obstáculos estructurales y restricciones reales

Cualquier propuesta seria de cooperación estratégica entre Brasil y Argentina en minerales críticos y recursos del fondo marino debe confrontar un conjunto de obstáculos estructurales que no son meramente circunstanciales, sino que reflejan características duraderas de ambas economías y sistemas políticos (Figueiredo y Sanchez Badin, 2026).

7.1. Asimetría económica e industrial

El primer y más evidente obstáculo es la asimetría económica e industrial. Brasil posee una base industrial más grande, capacidad tecnológica superior en varios sectores estratégicos (aeroespacial, defensa, procesamiento de minerales) y un mercado interno sustancialmente mayor. Esta asimetría se manifiesta incluso en el programa nuclear binacional ya mencionado.

7.2. Preferencia de élites por cadenas globales

Un segundo obstáculo es la preferencia de las élites económicas de ambos países por cadenas de valor globales antes que regionales. La dominancia de Ganfeng Lithium y CATL/YPF en los proyectos de litio más avanzados de Argentina refleja directamente este patrón: ante la elección entre un proyecto de integración regional más lento y el capital chino fácilmente disponible con acuerdos de offtake, tanto los promotores de proyectos argentinos como —en menor medida— las firmas brasileñas de procesamiento han optado generalmente por lo segundo (Li, Shapiro y Vecino, 2025).

7.3. Necesidad estructural de capital y tecnología externos

Un tercer obstáculo es la necesidad estructural de capital y tecnología externos. Ni Brasil ni Argentina poseen actualmente, por sí solos, los recursos financieros y tecnológicos requeridos para desarrollar extracción y procesamiento de minerales críticos a la escala demandada por la transición energética global. El éxito del RIGI al atraer más de USD 25 mil millones en inversión comprometida para principios de 2026 —abrumadoramente de fuentes chinas y occidentales, no regionales— ilustra la atracción gravitacional del capital extrarregional incluso cuando existen complementariedades regionales adyacentes sobre el papel (Pampa Investment Advisory, 2026).

7.4. Volatilidad institucional y riesgo de dominancia

Un cuarto obstáculo es la volatilidad institucional argentina y la desincronización de los ciclos políticos entre ambos países. Los frecuentes cambios en la política económica y regulatoria argentina desincentivan compromisos brasileños de largo plazo. El riesgo de dominancia brasileña de facto en cualquier estructura binacional, dada la asimetría en capacidad administrativa y económica, es también una preocupación recurrente en las evaluaciones argentinas de proyectos de integración regional y debería abordarse explícitamente mediante reglas de toma de decisiones, fórmulas de financiamiento y arreglos de reparto de beneficios.

Ninguno de estos obstáculos es individualmente descalificante, pero colectivamente indican que cualquier mecanismo propuesto debe diseñarse no solo como un instrumento de fomento de la confianza modelado en la ABACC, sino explícitamente como un vehículo para crear y distribuir valor económico tangible.

8. Propuesta: Hacia un mecanismo institucional binacional

La ABACC demuestra que la cooperación técnica binacional puede aislarse de la fluctuación política. Pero la transposición no es mecánica: la ABACC descansaba en un interés vital compartido y simétrico en evitar la proliferación nuclear, mientras que los minerales críticos y la gobernanza del fondo marino son arenas de acceso competitivo a rentas económicas, donde China, Estados Unidos y Europa compiten simultáneamente por influencia, suministro y capacidad de procesamiento. La cooperación entre Brasil y Argentina no ocurrirá por analogía; tiene que construirse.

Principios rectores. El mecanismo propuesto descansa en cuatro principios adaptados: (i) autonomía técnica relativa respecto de las cancillerías mediante mandatos plurianuales y una dirección técnica estable; (ii) transparencia y verificación mutua adaptadas a la trazabilidad de minerales y certificación industrial; (iii) creación compartida de valor, asegurando beneficios tangibles para ambos países, y (iv) incrementalismo, comenzando con proyectos piloto focalizados.

Arquitectura propuesta. El mecanismo podría adoptar la forma de una agencia pública binacional dedicada, establecida mediante un acuerdo intergubernamental formal (tratado o convenio específico) entre Brasil y Argentina, otorgándole personalidad jurídica bajo ambos sistemas legales y privilegios análogos a los disfrutados por la ABACC (autonomía operativa, exenciones fiscales e inmunidades para el personal). Esta forma jurídica proporcionaría el aislamiento necesario frente a interferencias políticas unilaterales sin ser tan pesada como una institución supranacional plena.

La agencia sería gobernada por un consejo de alto nivel (ministros o funcionarios séniors designados de minas/energía, relaciones exteriores, defensa, ambiente y ciencia y tecnología), que se reuniría al menos anualmente, y una dirección técnica permanente compuesta por 6-8 expertos séniors que servirían mandatos escalonados de cinco años (no coincidentes con los calendarios electorales de ninguno de los dos países). Un director general designado conjuntamente lideraría las operaciones cotidianas con un mandato fijo.

Su mandato abarcaría cuatro áreas: (i) desarrollo y reconocimiento mutuo de estándares de trazabilidad y certificación para minerales críticos (litio, niobio y tierras raras asociadas); (ii) promoción y cofinanciamiento de proyectos conjuntos de transformación industrial (por ejemplo, refinación de litio y producción de precursores de baterías); (iii) caracterización científica compartida, estudios de línea de base ambiental y eventuales discusiones de gobernanza para los recursos de la Elevação do Rio Grande, y (iv) coordinación de posiciones conjuntas en foros internacionales (Minerals Security Partnership, Autoridad Internacional de los Fondos Marinos, BRICS, Mercosur, ZOPACAS).

La toma de decisiones operaría por consenso en asuntos estratégicos (presupuesto, nuevos mandatos, asociaciones importantes, fórmulas de reparto de beneficios) y por mayoría calificada en cuestiones operativas y técnicas. Un mecanismo técnico de resolución de disputas modelado en los procedimientos de arbitraje de inspecciones de la ABACC podría incluirse para desacuerdos de implementación.

Un presupuesto inicial conjunto modesto de aproximadamente USD 2-3 millones por año (contribución 50/50 de ambos Gobiernos) podría complementarse con tarifas de certificación, ingresos de proyectos piloto y subvenciones de socios internacionales interesados en una gobernanza regional estable y resiliencia de cadenas de suministro.

Secuenciación. Se propone un despliegue en tres fases para gestionar el riesgo y construir credibilidad con resultados tempranos y visibles. La fase 1 (corto plazo, 12-18 meses) se centra en estándares conjuntos de trazabilidad y certificación para litio y niobio, basados en marcos existentes (IRMA, OECD Due Diligence Guidance) y pilotados con 2-3 proyectos mineros voluntarios en cada país. La fase 2 (mediano plazo, 2-4 años) se extiende a proyectos estructurados de transformación industrial conjunta, particularmente litio argentino procesado con insumos y capital tecnológicos brasileños, explícitamente diseñados para calificar bajo el marco RIGI/Súper RIGI argentino. La fase 3 (largo plazo, 4-7 años) abarca la caracterización científica conjunta, estudios de línea de base ambiental e iniciales discusiones de gobernanza para los recursos de la Elevação do Rio Grande, procediendo con cautela y solo después de evaluaciones ambientales y económicas robustas.

Incentivos y resiliencia política. Cuatro características de diseño importan más: anclaje en un acuerdo intergubernamental formal, que es costoso de abrogar unilateralmente; participación activa de agencias técnicas y de defensa de ambos lados, para crear una coalición transgubernamental con interés en la continuidad; entrega temprana de resultados piloto visibles, para construir apoyo entre élites económicas y técnicas, y una cláusula de revisión periódica que permita adaptación sin reabrir los fundamentos legales del mecanismo.

Lo que la ABACC no puede garantizar. La ABACC podía confiar en que sus inspectores y diplomáticos se presentaran porque la alternativa —una carrera armamentista sin restricciones— era inaceptable para ambos Gobiernos. No existe un piso equivalente para los minerales críticos. El mecanismo propuesto sobrevivirá solo si se paga a sí mismo temprano: un esquema de certificación que reduce costos de cumplimiento, una planta piloto que envía producto, un arreglo de intercambio de datos que ahorra dinero a un ministerio.

Para la Argentina, este mecanismo representa una herramienta concreta para reducir la dependencia asimétrica de capital y tecnología extrarregional y para posicionarse como socio indispensable en la gobernanza de recursos estratégicos del Atlántico Sur.

9. Recomendaciones de política para reforzar la alianza con visión soberanista

Para avanzar en esta dirección, se proponen las siguientes medidas, ordenadas aproximadamente por viabilidad y lógica de secuenciación.

  • Primero, institucionalizar un mecanismo binacional de alto nivel para minerales críticos y tecnologías estratégicas —incluyendo explícitamente la dimensión marítima de la Amazônia Azul y la Elevação do Rio Grande— a lo largo de las líneas de la agencia propuesta en la sección 8, con mandatos plurianuales para su liderazgo técnico como característica de diseño no negociable.
  • Segundo, priorizar una joint venture y consorcios para el procesamiento de litio argentino con insumos y tecnología brasileña (grafito, tierras raras, níquel), estableciendo condiciones de contenido local y transferencia tecnológica en los contratos con inversores extranjeros, y alineando explícitamente el mecanismo binacional con los marcos RIGI y Súper RIGI argentinos existentes.
  • Tercero, ampliar la cooperación en defensa, espacio y tecnologías submarinas aprovechando las complementariedades existentes (niobio + capacidades satelitales y de vehículos autónomos submarinos). Proyectos conjuntos de monitoreo de la plataforma continental y de la Elevação do Rio Grande, ejecutados una vez que SABIA-Mar alcance estado operativo, podrían servir como piloto de bajo riesgo para el mecanismo binacional más amplio.
  • Cuarto, coordinar posiciones en foros internacionales relevantes —el Minerals Security Partnership, el G20, BRICS, Mercosur, ZOPACAS y la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos— para promover estándares de transparencia, trazabilidad y evaluación ambiental previa en la explotación de minerales críticos tanto terrestres como marinos. Una voz regional coordinada tiene más peso que posiciones individuales fragmentadas.
  • Quinto, encargar estudios de línea de base conjuntos, transparentes —económicos, ambientales y geológicos— de los recursos de la Elevação do Rio Grande antes de cualquier compromiso con arreglos de gobernanza orientados a la extracción, aprovechando el trabajo científico brasileño e internacional existente (Jovane et al., 2026) y el precedente del costoso camino de varios años de Japón desde la viabilidad técnica hasta un umbral comercial aún distante.

Conclusión

La alianza Brasil-Argentina atraviesa un momento de prueba, pero también de oportunidad histórica. Los mecanismos de confianza construidos en el pasado —especialmente la ABACC— demuestran que es posible separar la cooperación técnica de las fluctuaciones políticas cuando la estructura de incentivos lo respalda. Extender esa lógica a los minerales críticos del subsuelo y del fondo marino del Atlántico Sur representa quizás la tarea más importante de la generación actual de responsables de política exterior y desarrollo productivo en ambos países.

El éxito no dependerá de la amistad personal entre mandatarios ni de compromisos retóricos con la integración. Dependerá de la capacidad de las instituciones y de las élites técnicas de ambos países para diseñar un mecanismo —como el propuesto aquí— que gane su propia supervivencia creando valor que ningún gobierno puede replicar solo. El litio argentino, el niobio brasileño y los recursos aún poco comprendidos de la Elevação do Rio Grande son activos que ningún país puede organizar por sí solo, y que ninguno ha organizado aún con el otro. La ABACC demostró que Brasil y Argentina pueden construir instituciones que sobreviven a los Gobiernos. Si lo harán nuevamente, por apuestas que son económicas más que existenciales, es la pregunta que este análisis deja abierta.

Para la Argentina, la respuesta a esa pregunta definirá en buena medida su capacidad de ejercer soberanía efectiva sobre recursos estratégicos y de construir una inserción internacional más densa y menos vulnerable en las próximas décadas.