Comentarios estratégicos

La teoría del neorrealismo ofensivo de John Mearsheimer frente a una potencial guerra entre China y los Estados Unidos

Por Álvaro Zicarelli.

La teoría del neorrealismo ofensivo de John Mearsheimer frente a una potencial guerra entre China y los Estados Unidos

El artículo examina la rivalidad estratégica entre China y Estados Unidos a partir del neorrealismo ofensivo de John J. Mearsheimer, según el cual la anarquía del sistema internacional impulsa a los Estados a maximizar su poder para garantizar su supervivencia y alcanzar la hegemonía regional. Desde esta perspectiva, la competencia entre ambas potencias responde a una lógica estructural de desconfianza, acumulación de capacidades militares y búsqueda de influencia. El ascenso de China, su expansión mediante la Iniciativa de la Franja y la Ruta, el fortalecimiento del BRICS, la modernización de sus fuerzas armadas y la presión sobre Taiwán encuentran como contrapartida la estrategia estadounidense de contención, basada en alianzas regionales, presencia militar y restricciones tecnológicas. La disputa se extiende, además, a ámbitos como el comercio, la inteligencia artificial, el espacio, la energía y la competencia tecnológica.

El trabajo sostiene que, desde el enfoque del neorrealismo ofensivo, la intensificación de esta competencia hace plausible un escenario de conflicto futuro, especialmente en torno a Taiwán y al control de los semiconductores, un recurso estratégico para la economía y la seguridad global. La concentración de la producción mundial de chips en Taiwán, sumada a la creciente rivalidad tecnológica y militar, convierte a la isla en un punto crítico de la competencia entre las dos superpotencias. En este contexto, el artículo concluye que el neorrealismo ofensivo constituye un marco analítico sólido para comprender las dinámicas contemporáneas de poder, al explicar cómo la búsqueda de seguridad y hegemonía alimenta una competencia estructural que difícilmente pueda resolverse de manera definitiva.

Introducción

Este artículo analiza la contienda estratégica entre la República Popular China y los Estados Unidos de América, y la posibilidad de un conflicto armado en el futuro, a la luz de la teoría del neorrealismo ofensivo de John J. Mearsheimer (2001) que sostiene que, en un sistema internacional anárquico, los Estados buscan siempre maximizar su poder relativo para garantizar su supervivencia, y que el camino más eficaz hacia la seguridad es la hegemonía regional. Agrega que los Estados son agresivos por naturaleza, y que esa agresividad funciona como resguardo frente al riesgo de quedar dominados por otros.

El enfoque resulta especialmente útil para comprender la rivalidad entre China y Estados Unidos: dos superpotencias cuyas estrategias reflejan los principios que rigen el sistema internacional. Repasaremos primero esos principios, con ejemplos de la coyuntura política actual entre ambas potencias, para luego aplicarlos a la disputa en curso.

1. La anarquía como principal ordenador

Cuando no hay una autoridad central, prevalece la desconfianza mutua. El ejemplo histórico más claro es la Guerra Fría entre Estados Unidos y la ex Unión Soviética, que derivó en una carrera armamentista sin precedentes y en la competencia por expandir sus zonas de influencia en todo el planeta. Hoy se repite la misma dinámica con el ascenso de China, que busca disputarle a Estados Unidos la condición de hegemón global (Zicarelli, 2023).

2. Capacidad ofensiva de los Estados

Las capacidades militares ofensivas pueden leerse como amenazas, lo que agudiza el dilema de la seguridad: cuánto más suma un Estado en capacidad, el otro lo percibe como inseguridad propia. El informe anual del Departamento de Defensa de los Estados Unidos correspondiente a 2022 afirma que China es “el único país con voluntad y capacidad militar para desafiar el orden mundial liderado por Estados Unidos” (Tejedor, 2022). Las preocupaciones se centran en la falta de transparencia y en la proliferación nuclear. Según ese mismo informe, China más que triplicará su arsenal de ojivas hasta alcanzar las 1500 unidades en 2035, en una carrera para recuperar su predominio en el Indo-Pacífico y proyectarse hacia el resto del mundo (Tejedor, 2022).

3. Incertidumbre sobre las intenciones

No conocer las intenciones del otro alimenta la desconfianza y empuja a competir. La visita de la congresista Nancy Pelosi a Taiwán sirve como caso testigo: desató una batería de respuestas chinas orientadas a exhibir poder ofensivo y capacidad militar.

4. Supervivencia como objetivo primordial

La supervivencia impulsa a los Estados a maximizar su poder relativo frente a sus competidores. El BRICS y la Iniciativa de la Franja y la Ruta lo ilustran con claridad: ambos expanden la zona de influencia china en el resto del mundo.

5. Racionalidad estratégica

Para maximizar su seguridad, los Estados diseñan estrategias racionales. Las obras de infraestructura de la Franja y la Ruta le permitirán a China disponer de activos estratégicos en todo el mundo y asegurarse un corredor comercial propio.

6. Hegemonía regional como meta estratégica

Los Estados buscan ejercer el mayor dominio posible sobre su región para minimizar las amenazas y prevenir el ascenso de rivales. La pugna por la hegemonía en el Asia-Pacífico lo muestra con nitidez. China, como potencia en ascenso, se expande militarmente en el mar de China Meridional con bases en islas artificiales, proyecta influencia económica y política sobre Asia, África y Europa a través de la Franja y la Ruta, y presiona sin pausa a Taiwán. Estados Unidos, la potencia hegemónica establecida, responde con una política de contención: alianzas estratégicas con Japón, Corea del Sur, Australia, Filipinas e India (QUAD), bases militares y despliegue de fuerzas en el Indo-Pacífico y respaldo militar y diplomático a Taiwán.

7. La guerra como herramienta estratégica

La guerra asoma como posibilidad cuando los Estados perciben oportunidades de ganar poder o necesitan conjurar amenazas a su supervivencia. Por ahora, entre China y Estados Unidos esa guerra adoptó la forma de una guerra comercial, con una escalada de subas de aranceles que se aceleró desde la asunción del presidente Donald Trump.

8. Análisis de la contienda estratégica y escenarios de guerra futura desde el punto de vista del neorrealismo ofensivo

8.1. Contienda estratégica actual

El neorrealismo ofensivo permite anticipar que la rivalidad entre China y Estados Unidos seguirá en aumento. Identificamos cinco terrenos donde hoy se libra esa contienda entre superpotencias: el intercambio comercial, el espacio exterior, la inteligencia artificial, la bioguerra y la diplomacia de vacunas, y la energía (Zicarelli, 2023).

Para esta teoría, tanto la disputa como las múltiples arenas en las que se despliega son un resultado inevitable de la anarquía del orden internacional. China pretende desplazar a Estados Unidos de su región porque la presencia de este país amenaza su supervivencia. De ahí que se sostenga que la respuesta estadounidense frente a las tácticas chinas cada vez más agresivas debería ser la contención. Beckley et al. (2025) lo plantean sin rodeos: “Cada pilar del poder estadounidense —la diplomacia, el poder militar y la política tecnológica— debe estar alineado para limitar eficazmente las ambiciones de China, no solo para contrarrestarlas o responder a ellas”. Ese parece ser el único camino para desescalar un conflicto que, de lo contrario, se vuelve inevitable desde el punto de vista estratégico.

La desconfianza mutua agrava el dilema de seguridad. Por un lado, la alimenta el secretismo chino sobre sus desarrollos militares y civiles; por otro, las acusaciones estadounidenses de espionaje y de apropiación indebida de propiedad intelectual.

Conviene no perder de vista que China se alineó con Estados Unidos hacia el final de la Guerra Fría por cálculo, no por confianza: “La Unión Soviética representaba una amenaza más próxima y severa para su seguridad y para la supervivencia del Partido Comunista Chino” (Walt, 2024, pp. 35). China se alineó del lado del ganador. Pero, terminada la Guerra Fría, el triunfalismo de la superioridad ideológica occidental pasó a convertirse, en sí mismo, en una amenaza para la última gran potencia comunista.

Los cambios en el escenario internacional configuran, entonces, un nuevo entorno de competencia, hecho de oportunidades y tensiones cambiantes que obligan a las potencias a revisar sus estrategias de manera permanente.

8.2. Escenario de guerra futura

Un conflicto armado entre China y Estados Unidos no puede descartarse sin más. Incluso cabe pensar que, en algún punto del futuro, será inevitable si se lo mira desde la perspectiva de la trampa de Tucídides (Zicarelli, 2023). El neorrealismo ofensivo permite analizar ese escenario a partir de las estrategias y las capacidades de cada superpotencia, y de sus consecuencias globales.

Entre los factores que podrían representar una amenaza concreta para la paz mundial, hay uno especialmente sensible: los semiconductores. Sin ellos, casi no funciona ningún dispositivo electrónico, de inteligencia o de seguridad. Satélites, teléfonos celulares, sistemas antimisiles, aviones de combate, vuelos comerciales, las comunicaciones y las economías de todos los países, ricos, pobres o emergentes, sin importar el credo que profesen ni el idioma que hablen, dependen de ellos.

La producción de semiconductores, microprocesadores o chips mueve alrededor de seiscientos mil millones de dólares al año (Zicarelli, 2023). China concentra el 60 % de la demanda global y, aun así, está lejos de ser autosuficiente: su objetivo es llegar a 2025 con una autosuficiencia del 70 % y alcanzar el autoabastecimiento pleno para 2049, año del centenario de la República Popular (Zicarelli, 2023). Estados Unidos, por su parte, destinó en 2023 fondos específicos para financiar la producción de chips y la investigación aplicada. La Unión Europea avanza en la misma dirección que la India. Todas las potencias necesitan semiconductores y aspiran a cierto grado de autoabastecimiento. Hoy, sin embargo, es la isla de Taiwán la que concentra el 92 % de la producción mundial (Zicarelli, 2023).

Se advierte, entonces, que la cuestión de Taiwán excede largamente una disputa por la soberanía china sobre un territorio de su región sobre el que ejerció un dominio histórico, tiene fundamentos estratégicos actuales y muy concretos.

Liu Pengyu, portavoz de la Embajada de China en Estados Unidos, lo planteó en estos términos:

La cuestión de Taiwán es el tema más importante y sensible en las relaciones entre China y Estados Unidos. El Gobierno estadounidense debe cumplir sinceramente con el principio de Una Sola China y (...) manejar con prudencia los asuntos relacionados con Taiwán para evitar un daño grave a las relaciones entre China y Estados Unidos, así como a la paz y la estabilidad en el estrecho de Taiwán (como se citó en Taheri, 2025).

Algo parecido sucede con los escenarios de conflicto militar hacia 2030. Scobell et al. (2020) sostienen que China será capaz de disputar todos los dominios del conflicto en buena parte de la región y que, ante ese panorama, el Ejército de los Estados Unidos, como parte de una fuerza aliada conjunta, deberá responder de inmediato a crisis o contingencias en distintos puntos de tensión. Estar dentro del perímetro desde el inicio de una crisis exigirá combinar fuerzas adelantadas, unidades expedicionarias ligeras y móviles, y fuerzas aliadas interoperables. Advierten, además, que “el Ejército estadounidense y las fuerzas aliadas también deben desarrollar y entrenarse en conceptos que refuercen la disuasión convencional extendida y eviten que la competencia escale a un conflicto armado” (Scobell et al., 2020, p. xiii). Y cierran en términos netamente mearsheimerianos:

La capacidad de fuerzas marítimas y aéreas altamente competentes, ágiles y resilientes para suprimir de manera rápida y eficaz el creciente sistema chino de reconocimiento y ataque, junto con operaciones especiales y capacidades específicas del Ejército, será en gran medida lo que determine hasta qué punto el liderazgo chino continúe manteniendo su postura reacia a asumir riesgos de optar por acciones militares para resolver disputas regionales (Scobell et al., 2020, p. xiii).

Conclusión

El neorrealismo ofensivo de John Mearsheimer ofrece un marco sólido para interpretar la rivalidad entre China y Estados Unidos. Muestra cómo la anarquía del sistema internacional impulsa a los Estados a maximizar su poder y a buscar la hegemonía en sus respectivas regiones. La modernización naval china, las sanciones tecnológicas estadounidenses y las tensiones en torno a Taiwán ilustran hasta qué punto ambos actúan de forma racional para garantizar su supervivencia, y lo hacen dentro de un clima de desconfianza.

La competencia actual va del mar de China Meridional a la carrera por los semiconductores y los postulados de Mearsheimer (2001) la explican sin dificultad. Por eso el neorrealismo ofensivo sigue siendo una herramienta clave para comprender las dinámicas de poder contemporáneas, en las que la disputa entre grandes potencias opera como una constante estructural del sistema internacional anárquico.