Artículos y Testimonios
Una estrategia de política exterior argentina con foco en el desarrollo

El artículo analiza los desafíos de la política exterior argentina frente a la competencia hegemónica entre Estados Unidos y China y la creciente fragmentación geoeconómica. La autora cuestiona la propuesta del "neorrealismo periférico" que sugiere un alineamiento activo con Estados Unidos para evitar medidas coercitivas, argumentando que esta visión subestima la compleja interdependencia global y sobreestima tanto la capacidad de sanción de Washington como la disposición de Beijing para absorber los costos. Además, advierte que el alineamiento puede restringir las opciones futuras del país e incrementar su vulnerabilidad, sosteniendo que la autonomía y el desarrollo económico no son objetivos contrapuestos, sino dimensiones mutuamente constitutivas.
Como alternativa, el texto propone una estrategia de inserción internacional centrada en el desarrollo y la construcción de capacidades estatales, productivas y tecnológicas que fortalezcan la capacidad de agencia de Argentina. En lugar de elegir bandos, la política exterior debe enfocarse en gestionar las interdependencias, diversificar los riesgos y aprovechar la reconfiguración de las cadenas globales de valor. Para ello, resulta fundamental revitalizar el Mercosur como una plataforma productiva de resiliencia y potenciar la cooperación horizontal sur-sur, transformando los recursos y ventajas comparativas del país en capacidades dinámicas que eviten una inserción subordinada en el sistema internacional.
Introducción
La competencia hegemónica entre Estados Unidos y China, con los intentos de desacoplamiento impulsados por Washington y sus esfuerzos por recuperar influencia en América Latina, constituye uno de los condicionantes sistémicos más relevantes de la coyuntura reciente para la política exterior argentina. A ello se suman los cambios en las dinámicas productivas y comerciales internacionales, en las que la conjunción de transición energética, nuevas tecnologías y proteccionismo en ascenso transforman las condiciones en las que los Estados periféricos definen sus estrategias de inserción internacional. El escenario contemporáneo combina competencia entre grandes potencias con elevados niveles de interdependencia económica y una creciente fragmentación geoeconómica. Se observa una reconfiguración de las relaciones de interdependencia y de las cadenas globales de valor (Zelicovich et al., 2024), en la que los márgenes de maniobra de los países periféricos dependen tanto de sus vínculos con las grandes potencias como de las capacidades que logren construir.
Estas transformaciones adquieren particular relevancia para Argentina, cuya inserción internacional se encuentra atravesada por una combinación persistente de restricciones externas, necesidades de financiamiento y capacidades estatales limitadas, así como un debilitamiento de los consensos políticos sobre la política exterior —los cuales se asocian a su vez a las indefiniciones en torno al modelo de desarrollo (Actis et al., 2017; Busso et al., 2016; Míguez y Morgenfeld, 2020). De hecho, el cambio de gobierno en diciembre de 2023 incorporó una nueva redefinición de las prioridades de política exterior y de las concepciones acerca del desarrollo y la inserción internacional (Laporte y Corigliano, 2025), reiterando la tendencia a “refundar” esta política (Russell, 2010).
En este contexto, vuelve a plantearse la pregunta acerca de la orientación de las vinculaciones externas del país y, en particular, sobre la conveniencia de profundizar el alineamiento con Estados Unidos o preservar una estrategia de diversificación de vínculos. La cuestión no es nueva para la política exterior argentina, pero adquiere características particulares cuando la competencia entre Washington y Beijing se articula con una transformación más amplia de la economía política internacional y con una alta polarización política y creciente politización de la
política exterior.
En este marco, el neorrealismo periférico formulado por Luis Schenoni (2026) ofrece una de las teorizaciones contemporáneas más sistemáticas para pensar las opciones de política exterior de los Estados periféricos frente a la competencia entre grandes potencias. Partiendo de las asimetrías de poder que estructuran el sistema internacional y retomando los preceptos del realismo periférico de Carlos Escudé, esta perspectiva sostiene que los Estados periféricos enfrentan costos diferenciados según su comportamiento frente a las grandes potencias y que, en determinadas circunstancias, el alineamiento puede constituir la mejor opción. Para Argentina, esta aproximación se traduce en la propuesta de un alineamiento con Estados Unidos, que si bien busca matizarse con el adjetivo de “activo” (Laporte y Schenoni, 2026), termina siendo eminentemente alineamiento.
Sin desconocer el valor de este enfoque para incorporar las restricciones derivadas de la estructura de poder internacional, este ensayo se pregunta si sus supuestos permiten captar adecuadamente las condiciones bajo las cuales Argentina puede construir una estrategia de inserción orientada al desarrollo.
El argumento que se sostiene aquí es que la competencia entre grandes potencias constituye un condicionante central, pero no determina por sí misma una estrategia óptima de alineamiento. La conveniencia de una estrategia de inserción debe evaluarse considerando no solo los costos potenciales de la no alineación, sino también los costos materiales, políticos y sociales del alineamiento, sus costos de oportunidad y sus efectos sobre las capacidades futuras del Estado. Desde esta perspectiva, la autonomía y el desarrollo no deben ser concebidos como objetivos necesariamente tensionados. Por el contrario, la construcción de capacidades productivas, tecnológicas, comerciales, financieras e institucionales constituye una condición de posibilidad para ampliar la autonomía y, con ella, la capacidad de agencia internacional. Una estrategia de inserción orientada al desarrollo debería, por tanto, procurar diversificar vínculos, gestionar interdependencias y preservar opciones antes que asumir la elección anticipada de un único polo como principio ordenador de la política exterior.
La crítica propuesta se organiza en torno a dos dimensiones. En primer lugar, se revisan algunos de los supuestos sobre los que el neorrealismo periférico construye su diagnóstico del escenario internacional, particularmente aquellos relativos a la conducta de las grandes potencias, la naturaleza de la competencia entre Estados Unidos y China, y la relación entre alineamiento y riesgo de coerción. En segundo lugar, se examinan los supuestos que sustentan su propuesta de política exterior, atendiendo a la relación entre autonomía y desarrollo, a la distribución
de costos y beneficios entre estrategias de inserción, y al grado de racionalidad instrumental atribuido tanto a los Estados periféricos como a las grandes potencias.
El ensayo se desarrolla en cuatro partes. La primera analiza las transformaciones recientes del escenario internacional y sus implicancias para la inserción externa de Argentina. La segunda examina críticamente los supuestos del neorrealismo periférico y, en particular, su propuesta de alineamiento activo como estrategia de inserción para Argentina. La tercera sugiere algunos lineamientos para centrar la política en el desarrollo y la preservación de la capacidad de agencia. Finalmente, la cuarta parte presenta las consideraciones finales.


